6 jun. 2017

¿Qué es desecho?, me preguntas. Desecho eres tú

"Nos tratan como si fuéramos desechos"

Así de rotundo lo decía Miguel preparando hoy la Universidad Popular Cuarto Mundo y hablando sobre si se siente o no parte de la sociedad. No conozco mucho de su vida, pero es evidente a primera vista que no ha sido fácil. Le delata su rostro ajado, su mirada huidiza, su ánimo cansado y un tanto desesperanzado.

Con él y con otras personas que luchan desde situaciones de pobreza y exclusión llevamos unos meses hablando y pensando dentro del proyecto "Comunidades Activas en Salud" sobre cómo enfrentar las desigualdades en salud, tratando de vislumbrar cómo poner en marcha acciones que nos ayuden a borrarlas de los mapas de nuestros barrios. Van apareciendo así en esta exploración muchos lugares comunes con otros colectivos y espacios, como la importancia de la vivienda, los ingresos y el género, pero también algunos aspectos específicos que surgen a partir de la experiencia de la exclusión y la pobreza en carne propia.


kamshots Flickr via Compfight cc
: Pensaba en esto leyendo la entrada de Sergio Minué en la que recupera el concepto de Bauman sobre las "vidas desperdiciadas" y cómo la aparición de una parte importante de la población señalada como "residuos humanos" puede cambiar las bases que han sustentado hasta ahora los planteamientos de los llamados "estados del bienestar". Y me surgía la duda de qué es lo que ha cambiado para que ahora esta realidad sea reconocida de manera más clara, cuando hay tantas y tantos que se sienten tratados como  meros desechos no desde hace unos años, ni siquiera como una marca de nacimiento, sino como una herencia que se transmite de generación en generación. ¿Es que ahora este problema afecta a nuevas poblaciones? ¿Quizás es que la situación actual del mundo del trabajo no permite culpar de manera individual a quienes no se quieren incorporar al mismo y evidencia de manera más clara la responsabilidad del sistema? ¿O es solo una cuestión de cantidad?

Desde la Edad Media se ha marcado de manera clara la diferencia entre los buenos y los malos pobres. Quienes necesitaban una oportunidad y la aprovecharían si se les daba y quienes eran vistos como gente indolente, incapaz, impotente, cuyo máximo margen de acción era parasitar el sistema. Y esto no solo desde posiciones conservadoras, sino también desde quiénes soñaban con transformar el mundo de arriba a abajo, como Marx, que señalaba a los pobres no productivos (lumpenproletariado) como una amenaza para la revolución.

Esta diferenciación es la que ha justificado dinámicas sociales que han hecho que personas como Miguel y tantos otros y otras se hayan sentido, desde siempre, tratados como simples desechos. Y es precisamente por eso por lo que ellos y ellas nos pueden señalar cuáles son las claves de funcionamiento de esta gestión de residuos humanos que ahora parece que ha pasado a otra escala afectando a muchas personas y colectivos que hasta ahora habían conseguido escapar al conseguir colocarse la etiqueta de "productivos" que ahora se ha desprendido sin remedio.

No, no es nueva está gestión de "desechos humanos". Y aunque quizás tengamos poca conciencia de ello, desde diferentes ámbitos profesionales jugamos un papel primordial en ella desde siempre, y no sólo para paliar los problemas, sino que algunas dinámicas que sostenemos pueden golpear la dignidad de las personas más vulnerables y promover la exclusión y generación de estos "residuos". Un participante en el proyecto "Comunidades Activas en Salud" comentaba:

"La realidad muchas veces no la queremos mostrar, porque nos da vergüenza y porque nos ha colgado muchos prejuicios. Personas como por ejemplo yo, que me he tirado muchos años en prisión, he estado mucho tiempo en la calle tirado, he estado con problemas de drogas, he tenido problemas con familia, los servicios sociales me han quitado hijos... No al primer profesional que llega le vas a explicar toda tu vida… se lo explicas una vez, pero es que luego ellos cogen y lo apuntan en tu historial en un ordenador y luego cuando vas a ver a otro profesional entonces ya no se fijan nada más que en esa historia. Y de lo que se trata es que tienen que sacar ese problema que tú tienes en realidad en ese momento… No el que tú has tenido anteriormente… No de los años que tú has cumplido de carcel, o de los errores que has cometido y demás."

Una militante de ATD Cuarto Mundo, explicaba muy claramente la capacidad destructiva del sistema hacia personas como ella:

Daniel Kulinski Flickr via Compfight cc 
"Te sientes cuestionada, y encima tienes que dar pena para ser ayudada… Que cuanto peor estés sabes que más ayuda te van a dar… Si vas perfumada, si vas arreglada, no te ayudan igual. La burocracia, los papeles, el cómo me miran, el “¿realmente lo necesitará o no lo necesitará?”, el que te cuestionen, eso no te ayuda nada. Te pueden pagar la luz pero te pasas tres noches sin dormir porque te sientes mal. Y eso no te va a ayudar. Si te dan un abrazo lo mismo estás a oscuras, pero no tienes ese malestar... Desgraciadamente, como lo he vivido y tengo que hablar con la trabajadora social y he estado muy mal, he llorado en muchos sitios."

Vergüenza, prejuicios, la inercia de una historia que atrapa impidiendo avanzar, la victimización como única alternativa para conseguir ayuda y no ser catalogada como un parásito del sistema... ¿Hasta dónde pueden romper este tipo de dinámicas a una persona? ¿Qué dinámicas de resistencia permiten sacar la cabeza entre tantos pisotones? De esto también tenemos que aprender de quienes se encuentran en esta situación, como nos muestra esta misma mujer:

"Me dice mi hija cuando le digo “tenemos que ir a tal sitio” “¿pero vas a llorar, mamá?”; “Yo ya no lloro, hija, yo ya no lloro”. Si me quieren ayudar, si me quieren escuchar, si me quieren atender, pues bien. Y si no, pues si me tengo que ir de mala leche, porque lo que si que no me van a quitar es mi dignidad, ¿sabes? Soy honesta, voy con dignidad y tú a mi no me tienes que tratar como una mierda porque no lo soy”.”

Pero esta semilla de resistencia y dignidad necesita unirse a otras para transformar la realidad. Y no es fácil partiendo de donde parte. Hoy comentaba José en la misma preparación de la Universidad Popular: "es tremendo ver el metro a tope, con mucha gente de pie, y el sitio que hay a mi lado vacío. Nadie se quiere sentar ahí". Varias de las otras personas presentes asintieron enseguida: a ellas les pasa lo mismo con frecuencia.

¿Puede ser este momento, en el que también los "buenos pobres" son lanzados a la basura, la ocasión para unir fuerzas y cambiar la situación? ¿Hay capacidad de conexión entre estos dos mundos para generar una masa crítica suficiente? Ahí está la clave para transformar la crisis en oportunidad, para acabar con las dinámicas que manejan a tantos seres humanos como si fueran simples bolsas de basura que esconder, quemar o triturar.


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