28 nov. 2016

Expertos/as en Salud y Vivienda


Desde que el 15M cuajó en los barrios paralizando desahucios, la cuestión del derecho a la vivienda ha ocupado un lugar central en el debate social. Pasamos de un momento anterior en el que la vivienda aparecía identificada como inversión segura y rentable a otro tiempo en el que de repente parecíamos tomar conciencia como país en el que no todas las personas tenían garantizado el acceso a la misma.

Sin embargo los desahucios hipotecarios no hacían sino añadir nuevas familias y colectivos a un saco en el que desgraciadamente algunas otras personas llevaban ya mucho, mucho tiempo. No hay más que constatar que el Día de las Personas Sin Hogar, celebrado estos días, va por su edición número 24 en España. Los datos que ofrece Cáritas son escalofriantes: 40.000 personas en situación de calle, más 3,6 millones que viven en una situación de vivienda insegura (sin título legal, con notificación de desahucio o bajo amenaza de violencia) y 5 millones que residen bajo un techo inadecuado(en estructuras temporales, asentamientos o chabolas, sin acceso a los suministros básicos o en hacinamiento). Y aunque el imaginario social sólo piense en el primer grupo cuando hablamos de personas sin hogar, según la clasificación ETHOS, que es la más reconocida a nivel europeo, todas estas realidades están incluidas bajo este paraguas.

¿A qué esperamos? ¿No son cifras suficientemente catastróficas? ¿O es que seguimos sin ser conscientes de lo que supone el no tener acceso a una vivienda digna, como si esto fuera algo secundario o circunstancial?

Cuando en algunas situaciones se han producido suicidios ante la amenaza de un desahucio, de repente nos damos cuenta de que hay algo más en juego: no se trata solo de ladrillos y canalizaciones, sino que la propia vida humana se pone en jaque. Pero más allá de estos casos extremos, la vivienda es un determinante fundamental de la salud, algo ya señalado hace bastantes años por diferentes grupos e investigadores (para muestra el trabajo de "Vivir en San Diego" realizado en Vallecas en 1994). Desde la Unión Europea se recoge el interés renovado que hay por este tema, y así uno de los campos incluidos en el Proyecto Sophie (que estudia el impacto de las políticas estructurales en las desigualdes sociales en salud) es el de la vivienda junto con la pobreza energética.

Poco a poco vamos sumando evidencias, clarificando algunas cosas, pero... ¿Porqué no llegar hasta el final para entender de verdad el problema? ¿Porqué no sumar los diferentes saberes y conocimientos, y no sólo los que vienen de la academia o de la práctica profesional, incorporando a quienes sufren las situaciones de inadecuación o falta de acceso a la vivienda no sólo como informantes, sino como parte del equipo investigador?

Desde esa clave venimos trabajando en ATD Cuarto Mundo desde siempre, y desde esa premisa lanzamos hace dos años una dinámica que ha cuajado hoy por hoy en la Asamblea por la Vivienda Digna para Todas las Personas. Dos años que han dado para aprender mucho juntxs, para reconocer lo que cada persona de las que participa en esta apuesta puede aportar.

Así, Javi, que se quedó fuera del realojo del barrio de chabolas en el que vivía hace 15 años, y que lleva desde entonces a salto de mata entre casas de familiares, furgonetas y prefabricados, nos ha permitido entender mejor que nadie las diferentes barreras que existen en los mecanismos de solicitud de vivienda social, y como, según sus palabras "quien está peor es al que más difícil se lo ponen. Cada cambio de la normativa nos ha castigado más a quienes peor lo tenemos".

Pero Javi también explica muy bien cómo esta situación afecta a su salud: "Ya no tengo fuerzas. Llevo tantos años luchando por encontrar una solución, por encontrar una salida, que ya estoy agotado. Cada vez que intento dar un paso adelante, no sólo no lo consigo, sino que muchas veces las cosas se vuelven contra mí y termino peor de lo que empecé. ¿Sabes lo que significaría para mí poder salir a buscarme la vida sabiendo que cuando vuelva mis hijos estarán allí, seguros, jugando o durmiendo, pero protegidos? ¿Sabes lo que sería poder irme sin miedo a que les pase algo, o a que venga la policía? ¿Poder cerrar y abrir la puerta con confianza? Mi cuerpo ya no puede más. Muchas veces siento un dolor fuerte aquí, donde el corazón, como si me fuera a explotar. Y siempre estoy de mal humor, ya no tengo ganas de nada, ni siquiera de estar con mis hijos, que son los que siempre me han hecho que siguiera hacia adelante. Esto me está matando. No se puede vivir así, de esta manera. Es todo esto que vivimos, esta impotencia. Eso es lo que me está matando".

Alfredo, otro participante en el grupo, lleva diez años sin vivienda desde que salió de la de su madre con su mujer y su hijo, y para evitar la ruptura de su familia no ha encontrado otra opción que ocupar pisos vacíos. Mientras tanto ha seguido solicitando vivienda social, hasta que se cansó de no obtener respuesta pese al gran esfuerzo que le suponía recabar toda la documentación que le pedían. Ahora, en la última vivienda en la que está, el banco propietario le ofrece un alquiler social.

Su experiencia le permite señalar algunos elementos claves respecto a las políticas de vivienda "de especial necesidad". Por un lado, la falta de responsabilidad de la administración pública respecto a estas realidades: "Llevo toda la vida solicitando una vivienda pública, y nunca he obtenido respuesta. Y al final mi única opción de tener una casa depende de que un banco decida ser bueno conmigo". Por otro, que las soluciones temporales, como las que se plantean en el Plan de Viviendas de Emergencia Social de la Comunidad de Madrid, no sirven: "Cuando se está en la pobreza desde siempre, para poder salir adelante y sacar la cabeza necesitas una seguridad, un tiempo, el saber que vas a estar en un mismo sitio sin miedo a que te echen al día siguiente. Porque si no tienes esa seguridad no te atreves a intentar cosas, por miedo a que luego todo tu esfuerzo no valga para nada. Y, si tuviéramos esa seguridad, necesitaríamos varios años para poder ir poco a poco recomponiendo nuestra vida".

Miedo, soledad, inseguridad, impotencia... Palabras que se repiten una y otra vez, y que me hacen recordar esos dos elementos señalados por Marmot como claves en relación a la salud: el ser capaz de actuar, de decidir en tu propia vida, por un lado, y el ser parte de redes, el estar con otras personas, por otro.

Por eso me pareció muy potente el que el año pasado, como primer lema de la Asamblea por la Vivienda Digna para Todas las Personas, surgiera este: "Juntos perderemos el miedo para luchar por nuestros derechos". Y esa ha sido nuestra búsqueda, el construir juntxs, el aprender mutuamente y buscar como actuar colectivamente. Así, cada unx hemos aportado nuestro conocimiento y saber hacer: Eva sus conocimientos de urbanismo y su contacto con jóvenes en la Universidad, Rosa su buen dibujar y su experiencia de lucha desde unas condiciones de vida muy difíciles, José su activismo y contacto con todas las redes de lucha por la vivienda habidas y por haber, Pedro su buen humor y presencia en un barrio popular como Vallecas desde pequeño, Lourdes su capacidad para animar reuniones grupales y su experiencia como trabajadora social en zona con problemas graves de exclusión y convivencia, Pilar su conocimiento desde dentro de las instituciones, Carmen su experiencia como realojada en un lugar que no respeta su cultura ni costumbres...

Un lujo, está siendo un lujo poder formar parte de este verdadero comité de expertos/as. Es mucho lo que se puede aprender cuando nos atrevemos a crear las condiciones para poder trabajar en común. Y es desde está base desde la que lanzamos el proyecto de producir un informe, "Realojando Derechos. Diagnóstico y Alternativas en la Lucha por la Vivienda", que recoja todas esta experiencia acumulada y la ponga en diálogo con otras como la del barrio de Las Sabinas, en Móstoles, pendiente de un desmantelamiento que puede dejar a más de la mitad de las familias en la calle.

Queremos seguir haciendo camino, llegar más lejos en nuestra lucha por el derecho a la vivienda sin exclusiones, sin dejar a nadie fuera. Pero para eso necesitamos apoyos, económicos y personales. Por eso esta campaña de crowdfunding. Por eso os esperamos.