26 nov. 2014

(In)comprendiendo

"Habla tú con la médico, que te lo cuente a ti. Nosotros somos muy bestias, no se si entiendo lo que dice". Todo esto me lo dice A. mientras su marido está ingresado en el hospital, tras haber pasado ya esa mañana la visita médica y haberle dado el parte del día. Me cuenta lo que ha entendido de las explicaciones recibidas, y me parecen claras y precisas: su marido está mejor de la infección respiratoria que ha provocado el ingreso, pero en relación con su enfermedad de base, ya en fase terminal, la situación ha empeorado.

Le explico a A. que lo que me ha contado tiene lógica, que es una información difícil de digerir pero que lo ha entendido bien. Pero vuelve a insistir en que hable yo con la médica: "Es que con esas palabras que usáis tan raras de verdad que no sé si me entero o no". Ella no sabe leer ni escribir, lo que la ha señalado siempre como necesitada de otr@s para acceder a la información más básica. Yo estoy seguro de que sí se ha enterado bien, y lo confirmo al hablar con la doctora. Pero ella está eternamente insegura de poder hacerse de manera fiel con algo de ese mensaje tan distante que recibe.

Decimos que queremos dar seguridad y confianza. Pero seguimos encerrados en lenguajes y maneras que nos distancian y generan impotencia y desbordamiento, en momentos además en los que las situaciones difíciles que se viven aumentan la necesidad de poder comprender.

Seguimos habitando mundos distintos.

17 nov. 2014

Diferentes maneras de ser médico

Una delicia llena de sabiduría el descubrir a John Berger en su libro "Un hombre afortunado":

"Se suele suponer que los médicos adoptan una actitud profesional ante el sufrimiento y que el proceso de distanciamiento profesional comienza en torno al segundo año de carrera, cuando empiezan a diseccionar el cuerpo humano. Es verdad. Pero se trata de algo mucho más profundo que el simple hecho de aprender a vencer la repulsión física frente a la sangre o las entrañas. Otros factores vienen en su ayuda más tarde a la hora de autoprotegerse. Los médicos emplean una segunda lengua, una jerga técnica, desprovista de toda emoción. Muchas veces tienen que actuar con rapidez y llevar a cabo unas manipulaciones complicadas, las cuales exigen una concentración que excluye todo lo demás. El incremento de la especialización fomenta una visión cada vez más científica de la enfermedad. (Hasta el siglo XVIII inclusive se consideraba generalmente que el médico era un cínico: un cínico es por definición aquel que da por sentada la existencia de una «objetividad» científica frente a la cual él nada puede hacer.) El número de casos tratados es de por sí un obstáculo para que el médico pueda identificarse con ningún paciente en concreto.

(...)

Sassall nunca separa una enfermedad de la personalidad general del paciente que la sufre: en este sentido es lo opuesto a un especialista. No cree en la necesidad de mantener una distancia imaginaria: él ha de acercarse lo suficiente para reconocer al paciente en todo su ser. Aunque tiene unos dos mil pacientes, es consciente de hasta qué punto están todos relacionados —y no sólo por el parentesco—, de modo que los números casi nunca adquieren para él una objetividad estadística. Lo más importante es que considera que su obligación es tratar al menos ciertas formas de infelicidad. Y casi nunca envía a un paciente al psiquiátrico, pues considera que eso equivale a abandonarlo."