7 jul. 2014

En comunidad

Las redes de solidaridad pegadas a la realidad siguen dándonos pistas fundamentales sobre por donde debemos caminar para el cuidado de la salud como algo universal como algo a lo que todos y todas tenemos derecho. No hay más que echar un vistazo a este artículo aparecido en el periódico Diagonal:


La locomotora de la crisis, o de la estafa capitalista, según se mire, está llevándose por delante a un gran número de víctimas. Uno de los colectivos que más sufre sus efectos es la población inmigrante, ya muy precarizada en los tiempos de bonanza económica, pero hoy directamente maltratada desde la Administración a través de cambios en las leyes y, en ocasiones, al margen o bordeando éstas (mediante controles basados en perfil racial, deportaciones, etc.). Entre todas las medidas, quizá la más grave es la aprobación del Real De­creto Ley 16/2012, por el que se retiraba el derecho a la asistencia sanitaria a los extranjeros que careciesen de un permiso de residencia.

Las consecuencias de una reforma como ésta, como es lógico, varían mucho de un lugar a otro. En el barrio barcelonés del Raval, cerca del 50% de su población es extranjera. Entre sus calles estrechas, siempre llenas de gente y de comercios abiertos durante todo el día, conviven nacionalidades y culturas de orígenes diferentes. El barrio y sus vecinos viven con indiferencia ese esfuerzo impulsado desde la Administración por hacer de la marca Barcelona una postal al servicio del turista, visitante o empresario de turno, ignorando las dificultades que se viven en lugares como éste.

Tras la entrada en vigor del decreto de “apartheid sanitario” era evidente que muchos habitantes del Raval y zonas aledañas se verían afectados. No sólo aquellos que carecían de papeles, sino también los que estaban perdiendo su empleo y, por tanto, no podrían renovar su tarjeta sanitaria en un futuro. Ante esta situación, varios vecinos decidieron que había que hacer algo. Una doctora, dos trabajadores sociales y dos vecinas plantearon en la asamblea del barrio la necesidad de montar un consultorio para atender a las personas que no podían ir a los centros de salud públicos.