20 mar. 2014

La responsabilidad tiene un precio

Cuando nació mi primera hija, la vacuna del neumoco entraba dentro del calendario vacunal de la Comunidad de Madrid. Pero al nacer la segunda, los recortes habían dado al traste con la financiación pública de esta vacuna. Así que decidí informarme, para ver por qué este efecto Guadiana en una vacuna que poca gente cuestionaba, al menos en mi entorno, en contraposición a otras como el VPH. Y ahí es cuando descubro que el Ministerio nunca la ha indicado como vacuna recomendada de manera sistemática, sino que ha sido utilizada en algunas regiones, como esta la nuestra tan dado a ello, para asumir aires de excelencia.

De hecho, en el libro de Carlos Gonzalez "En defensa de las vacunas", en el que hace una revisión bastante exhaustiva de la evidencia existente respecto a las diferentes vacunas, encuentro lo siguiente:

"La vacuna del neumococo no está en el calendario vacunal general espa­ñol, salvo en algunas comunidades autónomas concretas. La Asociación Española de Pediatría (en contra de los criterios del Ministerio de Sanidad, que solo la recomienda para niños infectados por el VIH, inmunodeprimi- dos o con ausencia del bazo) recomienda vacunar a todos los niños meno­res de dos años, a los menores de tres años que van a la guardería y a los menores de cinco años con factores de riesgo (inmunodeficiencias). Es decir, que si se aplica la vacuna, se ha de aplicar pronto, a la edad recomendada (dos meses); aplicarla tarde no tiene sentido, porque ya ha pasado la edad de mayor riesgo de enfermedad neumocócica, y no se recomienda para ni­ños sanos mayores de tres años.

Guevara y colaboradores han analizado con detalle las consecuencias de la aplicación de la vacuna. Inevitablemente, al tiempo que disminuyen las infecciones por los serotipos en la vacuna, aumentan las infecciones por otros serotipos no incluidos. En aquellos países en que el porcentaje de in­fecciones por serotipos no incluidos en la vacuna era alto (como ocurre en Europa), esa substitución ha sido rápida, y la efectividad final de la vacuna escasa. Critican con elegancia, pero también con contundencia, a quienes están promoviendo la vacuna al margen de las recomendaciones oficiales: la vacunación «convendría que se realizase exclusivamente de forma coor­dinada y supervisada por las autoridades sanitarias».

Debería reservarse la vacuna para los niños de alto riesgo. El uso gene­ralizado hace que la vacuna sea menos efectiva para todos, y también para esos niños de alto riesgo."


Sin embargo, el hecho de haber sido financiada durante un tiempo hace que se haya asumido como una vacuna "obligatoria", en el sentido de que todo niño/a debería tenerla puesta, por lo que se anima con gran intensidad a padres y madres a juntar el dinero, alrededor de 250 euros, para comprarla. Y así es cómo podemos encontrar a familias con muy escasos recursos, en situaciones de gran pobreza, haciendo lo imposible por conseguir ese dinero como si esa vacuna fuera la piedra filosofal sobre la que construir la salud de sus hijos (aún a costa de que se deterioren otros determinantes sociales, tan fundamentales para el desarrollo desde la edad más temprana). ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué no priorizan gastar ese dinero en otras necesidades? Razones puede haber muchas, pero hay una que a mí me parece evidente: termina siendo uno de los fieles de la balanza en la que se sienten constantemente juzgados como buenos o malos padres y madres, como progenitores atentos o descuidados. Es el precio que tienen que pagar por no caer en el grupo de "padres y/o madres irresponsables", para comprar el respeto del personal sanitario.

17 mar. 2014

Haceres pequeños, resistencias permanentes

  La vida no me da últimamente para aportaciones propias, pero no está de más recoger las de quienes sí que encuentran tiempo para reflexionar en profundidad y compartir joyas como esta de J. Irigoyen, que nos señala una realidad invisible para casi tod@s:

(...) 

Michael de Certeau es un historiador francés, pero su obra trasciende cualquier disciplina. Su libro “La invención de lo cotidiano”, que consta de dos volúmenes, el primero “artes de hacer”. El segundo “Habitar. Cocinar”, es una obra fundamental para comprender cómo las personas se desempeñan en lo cotidiano y en las esferas especializadas, en donde se encuentran sometidas a relaciones de autoridad. Los denominados como “personas comunes”, aparecen muy lejos de ser pasivos. Por el contrario tienen la capacidad de inventar un repertorio de prácticas que modifica cualquier orden establecido.

En “La invención de lo cotidiano” se muestra a una esplendorosa persona común, que cuando “sale” de su ámbito cotidiano para viajar a los confines de una esfera especializada en la que su papel se encuentra rigurosamente determinado, no desempeña mecánicamente el papel que tiene asignado, sino que desarrolla un repertorio de prácticas, que con frecuencia reconfiguran el orden establecido. La persona ordinaria es un “hacedor de prácticas”, un avezado sujeto con capacidad de desarrollar “las artes de hacer”. Así, las personas comunes desarrollan distintas tácticas, operaciones minúsculas, detalles imperceptibles, maniobras chapuceras. Del conjunto de estas tácticas resulta la erosión del sistema de autoridad.