14 ago. 2017

En busca de acuerdos

La promoción de la salud es un campo amplio, diverso y con aspecto de cajón desastre donde parece que casi todo vale... Y no es así, o no debería serlo. Por eso es un gusto escuchar a quienes trabajan en una línea emancipadora, como María Consuelo Chapela, que en este par de vídeos ofrece una muy sugerente aproximación a su línea de trabajo. ¡Gracias a Julio por hacérmela conocer!


22 jun. 2017

El misterio de las recetas desfinanciadas

Su nombre no importa, ya estamos convencidas de ello. Al principio creíamos que su situación era excepcional, pero poco a poco vamos descubriendo cada vez más historias similares. Pero el suyo fue el primer caso que conocimos. Él se nos acercó para contarnos cómo al ir a la farmacia y recoger su medicación mensual le habían dicho que tenía que pagar: “¿cómo que tengo que pagar si yo no pagaba las medicinas?”, decía. Pero al consultar el ordenador el mensaje era claro: ahora su nombre va asociado a un TSI 3 (tarjeta sanitaria individual 3, es decir, que pagas el 40% del precio de las medicinas prescritas). Hasta ese día el protagonista de esta historia estaba exento del pago de las medicinas, ya que en su “unidad de convivencia” (es decir, su familia) perciben la Renta Mínima de Inserción (RMI) de la Comunidad de Madrid. Como era un caso aislado, o eso nos parecía entonces, nos dio por pensar que se trataba de un error informático, un cruce de datos desafortunado entre distintas instituciones que le había dejado fuera del amparo de la RMI de la que es titular su mujer, así que le dijimos que fuera a la trabajadora social para que le hiciera un justificante de receptor de RMI. Con el informe en mano, la pareja volvió a la tesorería de la seguridad social para intentar resolver el supuesto entuerto informático demostrando que recibe la RMI y que por tanto está exento de pagar los medicamentos que precisa.

Nada nos hacía pensar que fuera a haber problemas, ya que la legislación nos parece bastante clara al respecto. La exención de pagos se recoge en dos regulaciones diferentes: la primera es el funesto RDL 16/2012 que además de modificar la cobertura sanitaria universal para restringirla a aquellos que son asegurados, también regulaba el porcentaje de pago de las prescripciones según renta. En el RDL se dice que están exentos de pago aquellos que reciben rentas de inclusión (capítulo IV, punto 13.8 del RDL 16/2012) . La segunda regulación aparece en la normativa sobre renta mínima de la comunidad de Madrid, recogiéndose en el artículo 531 que aquellos que son beneficiarios de la renta mínima de inserción están exentos de pagar las prescripciones de medicamentos.

Pero el viaje de la pareja fue en balde y de nada les sirvió el informe que le había hecho la trabajadora social, ya que no se trataba de un error informático, si no que de la noche a la mañana nuestro protagonista no estaba exento de pagar la medicación por el simple hecho de que pese a convivir desde hace años, tener una hija en común y recibir la Renta Mínima como “unidad de convivencia”, al no estar legalmente casados no podía ser beneficiario del titular de la RMI y por tanto estar asegurado en las mismas condiciones. O al menos esta fue la conclusión a la que llegaron la pareja con las explicaciones que les dieron en la oficina de la tesorería de la seguridad social. No les entregaron ningún papel por escrito, nada se habló de un cambio de normativa, sólo que de repente ya no podía ser como antes…

Pero como decíamos, esta situación no es una anécdota. Este ha sido el primer caso de una veintena que hemos conocido en estas semanas. En algunos de ellos parece que el motivo es que la pareja no está casada legalmente, pero en otros casos sí que lo están y sin embargo les han quitado también la exención de pago, así que no alcanzamos a entender cuáles son los motivos del cambio en la aplicación de la normativa. Al ver que no se trataba de un caso aislado, preguntamos a las trabajadoras sociales del centro de servicios sociales municipal (las encargadas de ayudar a tramitar la renta mínima) para ver si ellas sabían a qué se debían los cambios. La misma perplejidad, las mismas dudas y tan sólo alguna explicación vaga de que la tesorería se está poniendo “más estricta con el cumplimiento de los criterios” y la iniciativa de “elevar” estas incidencias con la RMI a instancias superiores dentro del organigrama municipal.

También hemos insistido en enviar notas a través de los pacientes a la tesorería de la seguridad social para que nos explicaran a qué se debía este cambio brusco, adjuntando correos electrónicos y teléfonos pero todavía nadie se ha puesto en contacto con nosotras. La verdad es que ya nos corroe la intriga, no ha habido ninguna modificación en las dos regulaciones que contemplan el derecho a farmacia gratuita para los receptores de Renta Mínima y sin embargo se ha restringido de golpe sólo a los titulares. Cosa curiosa, ya que la RMI no se concede a una persona a título individual (salvo que esté sola) sino a la unidad de convivencia: de hecho para seguir percibiendo esta renta, todos los miembros de la unidad familiar tienen que cumplir con ciertas obligaciones como la escolarización, búsqueda de empleo… sin embargo, parece que ahora sólo cuenta el titular para la exención de pago, como si el resto de convivientes tuvieran otra forma de pagar las medicinas que no fuera la exigua RMI que reciben.

Acostumbradas como estamos a abrir cartas con logotipos institucionales informando del cambio de profesional sanitario o de la necesidad de vacunar a la progenie con la siguiente vacuna del calendario vacunal, echamos de menos una carta (o un whatsapp para ser más modernos) informando de los motivos por los que alguien que antes estaba exento de pagar las medicinas ya no lo está.

¿Un nuevo ataque a los derechos de quienes lo tienen más difícil para salir adelante? ¿Un nuevo recorte para ahorrar unos eurillos con los que reflotar la macroeconomía? ¿O simplemente un misterio veraniego a resolver con el que nuestras autoridades quieren que estemos entretenidos este verano?

No sabemos bien, pero mientras lo descubrimos, si es pobre, por si acaso acuérdese de no enfermar. 


Fdo. Lxs Insegurxs Sociales



6 jun. 2017

¿Qué es desecho?, me preguntas. Desecho eres tú

"Nos tratan como si fuéramos desechos"

Así de rotundo lo decía Miguel preparando hoy la Universidad Popular Cuarto Mundo y hablando sobre si se siente o no parte de la sociedad. No conozco mucho de su vida, pero es evidente a primera vista que no ha sido fácil. Le delata su rostro ajado, su mirada huidiza, su ánimo cansado y un tanto desesperanzado.

Con él y con otras personas que luchan desde situaciones de pobreza y exclusión llevamos unos meses hablando y pensando dentro del proyecto "Comunidades Activas en Salud" sobre cómo enfrentar las desigualdades en salud, tratando de vislumbrar cómo poner en marcha acciones que nos ayuden a borrarlas de los mapas de nuestros barrios. Van apareciendo así en esta exploración muchos lugares comunes con otros colectivos y espacios, como la importancia de la vivienda, los ingresos y el género, pero también algunos aspectos específicos que surgen a partir de la experiencia de la exclusión y la pobreza en carne propia.


kamshots Flickr via Compfight cc
: Pensaba en esto leyendo la entrada de Sergio Minué en la que recupera el concepto de Bauman sobre las "vidas desperdiciadas" y cómo la aparición de una parte importante de la población señalada como "residuos humanos" puede cambiar las bases que han sustentado hasta ahora los planteamientos de los llamados "estados del bienestar". Y me surgía la duda de qué es lo que ha cambiado para que ahora esta realidad sea reconocida de manera más clara, cuando hay tantas y tantos que se sienten tratados como  meros desechos no desde hace unos años, ni siquiera como una marca de nacimiento, sino como una herencia que se transmite de generación en generación. ¿Es que ahora este problema afecta a nuevas poblaciones? ¿Quizás es que la situación actual del mundo del trabajo no permite culpar de manera individual a quienes no se quieren incorporar al mismo y evidencia de manera más clara la responsabilidad del sistema? ¿O es solo una cuestión de cantidad?

Desde la Edad Media se ha marcado de manera clara la diferencia entre los buenos y los malos pobres. Quienes necesitaban una oportunidad y la aprovecharían si se les daba y quienes eran vistos como gente indolente, incapaz, impotente, cuyo máximo margen de acción era parasitar el sistema. Y esto no solo desde posiciones conservadoras, sino también desde quiénes soñaban con transformar el mundo de arriba a abajo, como Marx, que señalaba a los pobres no productivos (lumpenproletariado) como una amenaza para la revolución.

Esta diferenciación es la que ha justificado dinámicas sociales que han hecho que personas como Miguel y tantos otros y otras se hayan sentido, desde siempre, tratados como simples desechos. Y es precisamente por eso por lo que ellos y ellas nos pueden señalar cuáles son las claves de funcionamiento de esta gestión de residuos humanos que ahora parece que ha pasado a otra escala afectando a muchas personas y colectivos que hasta ahora habían conseguido escapar al conseguir colocarse la etiqueta de "productivos" que ahora se ha desprendido sin remedio.

No, no es nueva está gestión de "desechos humanos". Y aunque quizás tengamos poca conciencia de ello, desde diferentes ámbitos profesionales jugamos un papel primordial en ella desde siempre, y no sólo para paliar los problemas, sino que algunas dinámicas que sostenemos pueden golpear la dignidad de las personas más vulnerables y promover la exclusión y generación de estos "residuos". Un participante en el proyecto "Comunidades Activas en Salud" comentaba:

"La realidad muchas veces no la queremos mostrar, porque nos da vergüenza y porque nos ha colgado muchos prejuicios. Personas como por ejemplo yo, que me he tirado muchos años en prisión, he estado mucho tiempo en la calle tirado, he estado con problemas de drogas, he tenido problemas con familia, los servicios sociales me han quitado hijos... No al primer profesional que llega le vas a explicar toda tu vida… se lo explicas una vez, pero es que luego ellos cogen y lo apuntan en tu historial en un ordenador y luego cuando vas a ver a otro profesional entonces ya no se fijan nada más que en esa historia. Y de lo que se trata es que tienen que sacar ese problema que tú tienes en realidad en ese momento… No el que tú has tenido anteriormente… No de los años que tú has cumplido de carcel, o de los errores que has cometido y demás."

Una militante de ATD Cuarto Mundo, explicaba muy claramente la capacidad destructiva del sistema hacia personas como ella:

Daniel Kulinski Flickr via Compfight cc 
"Te sientes cuestionada, y encima tienes que dar pena para ser ayudada… Que cuanto peor estés sabes que más ayuda te van a dar… Si vas perfumada, si vas arreglada, no te ayudan igual. La burocracia, los papeles, el cómo me miran, el “¿realmente lo necesitará o no lo necesitará?”, el que te cuestionen, eso no te ayuda nada. Te pueden pagar la luz pero te pasas tres noches sin dormir porque te sientes mal. Y eso no te va a ayudar. Si te dan un abrazo lo mismo estás a oscuras, pero no tienes ese malestar... Desgraciadamente, como lo he vivido y tengo que hablar con la trabajadora social y he estado muy mal, he llorado en muchos sitios."

Vergüenza, prejuicios, la inercia de una historia que atrapa impidiendo avanzar, la victimización como única alternativa para conseguir ayuda y no ser catalogada como un parásito del sistema... ¿Hasta dónde pueden romper este tipo de dinámicas a una persona? ¿Qué dinámicas de resistencia permiten sacar la cabeza entre tantos pisotones? De esto también tenemos que aprender de quienes se encuentran en esta situación, como nos muestra esta misma mujer:

"Me dice mi hija cuando le digo “tenemos que ir a tal sitio” “¿pero vas a llorar, mamá?”; “Yo ya no lloro, hija, yo ya no lloro”. Si me quieren ayudar, si me quieren escuchar, si me quieren atender, pues bien. Y si no, pues si me tengo que ir de mala leche, porque lo que si que no me van a quitar es mi dignidad, ¿sabes? Soy honesta, voy con dignidad y tú a mi no me tienes que tratar como una mierda porque no lo soy”.”

Pero esta semilla de resistencia y dignidad necesita unirse a otras para transformar la realidad. Y no es fácil partiendo de donde parte. Hoy comentaba José en la misma preparación de la Universidad Popular: "es tremendo ver el metro a tope, con mucha gente de pie, y el sitio que hay a mi lado vacío. Nadie se quiere sentar ahí". Varias de las otras personas presentes asintieron enseguida: a ellas les pasa lo mismo con frecuencia.

¿Puede ser este momento, en el que también los "buenos pobres" son lanzados a la basura, la ocasión para unir fuerzas y cambiar la situación? ¿Hay capacidad de conexión entre estos dos mundos para generar una masa crítica suficiente? Ahí está la clave para transformar la crisis en oportunidad, para acabar con las dinámicas que manejan a tantos seres humanos como si fueran simples bolsas de basura que esconder, quemar o triturar.


27 may. 2017

Ecos activos

Dejo la mochila a un lado tras abrir la puerta y, cuando pasan los momentos de reencuentro hogareño,  de nuevo vuelven a resonar los ecos del Congreso de Activos en Salud en Granada. Unos días intensos, ricos, llenos de encuentros, diálogos, preguntas, pero también certezas. Sí, por una vez mis bolsillos vienen más llenos de claridades que de brumas, sin saber muy bien porqué. Pero aprovechémoslo.

La mesa final del congreso lanzó algunas cuestiones que ayudaron a ir más allá de las experiencias concretas compartidas para revisar el desde donde y cómo nos situamos los profesionales, y más en concreto lxs sanitarixs, en nuestra relación con la comunidad. Rafa Cofiño fue bien claro: "como bacterias que somos, podemos contaminar otros campos si invadimos espacios sin estar formados para ello". Todo un llamamiento a hacer lo que sabemos hacer, incorporando ahí la clave de activos comunitarios, reconocer lo que no sabemos y, desde ahí, dejar espacio para que otrxs lideren dentro de la propia comunidad. Y es que muchas veces damos por supuesto que nuestra buena disposición es suficiente, y no es así ni mucho menos.

En este punto me pareció importante que Sergió Minué trajera a colación a Bauman y sus "Vidas desperdiciadas", poniendo sobre la mesa la cuestión de la gran parte de la humanidad que es tratada como sobrante, como desechos, desperdicios de quienes no sabemos cómo deshacernos. En la busqueda histórica de una sociedad más justa una de las grandes peleas ha sido la de la universalidad, la de la construcción de un mundo, de unas reglas comunes que nos incluyeran a todos. Ahí cristalizan los derechos humanos en toda su amplitud, que tan fácilmente nos saltamos cuando de estas vidas sobrantes se trata (cuando traspasan vallas fronterizas, cuando se buscan la vida de manera autónoma escapando de la dependencia, cuando evidencian un universo demasiado diferente al que asumimos como "normalizado"...). Actualmente hay una brecha enorme con estas realidades, y cada vez va a más y no tenemos mucha respuesta frente a ello. Por eso es fundamental visibilizarlas, escucharlas, plantar los pies en su barro cotidiano para construir ahí cimientos que afiancen nuestra voluntad de no dejar a nadie fuera.

Dialogar con esta realidad cara a cara nos pueda permitir también entender mejor quiénes somos y qué podemos aportar. Escapar de la inercia que nos lleva a plantear proyectos propios con los que queremos enganchar a otrxs para descubrir qué sueñan y luchan por hacer real a pie de calle y cuál es la aportación que se nos pide. Aunque eso supone una disponibilidad que hay que asumir y no siempre es fácil. No es fácil renunciar a ser el dueño/a de tu destino, a decidir por tí mismo/a, y menos en esta sociedad de llaneros solitarios totalmente autogestionados. Pero si hablamos de participación y comunidad, tenemos que tener claro que el proceso debe ser dialogado, y nos puede empujar a asumir no tanto cómo conseguimos la participación sino cómo podemos arrimar el hombro en las acciones en marcha por el pro-común.

Seguimos hablando de la importancia de los determinantes sociales en salud mientras estamos atrapadxs todavía en la casi exclusiva oferta de educación de conductas individuales saludables. Efectivamente frente a muchos determinantes estructurales nos sentimos impotentes e incapaces de cambiarlos. Pero si paramos la máquina de actividades programadas y nos ponemos a escuchar, seguro que aparecen personas y colectivos que consiguen resituarnos en cuanto al poder que tenemos para aportar cosas significativas, más del que nos creemos. Por ejemplo, si la vivienda es un determinante claro y tremendamente precarizado en el momento actual, ¿por qué no plantearnos qué  podemos aportar para apoyar la lucha de los colectivos que luchan porque se reconozca como derecho? Ya hay ejemplos claros en este campo de cómo investigar y evidenciar el impacto de la perdida de vivienda en salud puede ayudar a legitimar esta lucha y explicarla no solo desde el buenismo sino desde lo que es, una cuestión que pone en jaque nuestras vidas. ¿Para cuando abrimos estas líneas de investigación entrelazadas con las realidades de del barrio, desde abajo y en los márgenes? Porque esa es la primera clave de la co-producción de salud de la que se hablaba al final de la mañana: decidir conjuntamente con las comunidades cuáles son las preguntas que nos queremos hacer para enfocar las acciones a construir.

15 may. 2017

Comunidad, ese misterio

Sigo recogiendo algunos retazos de ese libro a partir de ahora imprescindible para mí, "The careless society", de John Mcknight. Mira que es interesante todo él, pero el capítulo en el que explora qué es la comunidad me parece que debería ser de estudio obligatorio para todas aquellas personas comprometidas a pie de barrio (o pueblo). Acá van algunos retazos con traducción libre (aunque espero que fiel en su esencia):

" Cuando Tocqueville visitó Estados Unidos en 1831, encontró que los colonos europeos estaban creando una sociedad diferente de la que conocían en Europa (...) Observó tres características con las que estos grupso operaban: Primero, eran grupos de ciudadanos que decidieron que tenían el poder para decidir cuál era el problema. Segundo, decidieron que tenían el poder para decidir cómo enfrentar el problema. Tercero, frecuentemente decidían que debían convertirse en actores clave para poner en marcha la solución.

(...)

Una comunidad es más que un lugar. Comprende diversos grupos de personas que trabajan juntas cara a cara en la vida pública, no solo en privado.

(...)

Los tipos de asociaciones que expresan y crean comunidad toman diversas formas. Muchas de ellas son relativamente formales (...) Un segundo tipo de asociación no es tan formal, frecuentemente no tiene nombre, pero representa una reunión de ciudadanos que resuelven problemas, celebran juntos o disfrutan de su cohesión social (...) Una tercera forma de asociación desarrolla su actividad en restaurantes, peluquerías, bares, tiendas... (...) Estos tres tipos de asociaciones representan la comunidad de la que mucha de la gente "etiquetada" es excluida, y en la que necesitan ser incorporados para convertirse en ciudadanos activos de una sociedad democrática (...) La incorporación como ciudadanos para por establecer relaciones en las que sus capacidades pueden ser expresadas, en las que no sean definidos solamente por sus "deficiencias". 


Para esto es importante que haya "guías" que acompañen este proceso, personas con un ojo especial para ver los dones, el potencial, el interés, las habilidades, la sonrisa, la capacidad de aquellos de quienes se dice que están en "especial necesidad" (...) Estos guías están bien conectados en las interrelaciones de la vida comunitaria (...) Consiguen sus objetivos porque tienen la confianza de sus pares en la comunidad, no porque tengan autoridad institucional (...) No piden caridad o ayuda, sino que en vez de eso presentan de manera entusiasta el regalo de una persona excluida a la hospitalidad de una persona activa en la comunidad (...) Por último, un guía comunitario efectivo aprende que debe decir adiós a la persona a la que guía dentro de la vida comunitaria. Esto no es un paso natural. Pero es necesario para que la hospitalidad de la comunidad se manifieste de manera plena y la persona excluida pueda incorporarse plenamente como ciudadana. Es un guía, no un sirviente.

(...)

La crisis que hemos creado en las vidas de la gente excluida es que ya no están más asociados a sus compañeros ciudadanos. No podemos deshacer esta terrible exclusión mediante un intento mal pensado de crear independencia ilusoria. Tampoco creando una amistad con una persona que vive en exclusión.

Nuestro objetivo debe estar claro. Estamos buscando nada menos que una vida rodeada de la riqueza y de la diversidad de la comunidad. Una vida colectiva. Una vida común. Una vida del día a día. Una vida poderosa que consigue su alegría de la creatividad y la conexión que aparece cuando nos unimos en asociación para crear un mundo inclusivo"



13 abr. 2017

Un curso, dos cursos... y muchos encuentros por compartir

El año pasado fui por primera vez a la Escola de Salut Pública de Menorca, empujado por los mil y un comentarios positivos de quienes habían ido en ediciones anteriores y facilitado por la generosidad de grandes del mundillo "saludable" como Rafa Cofiño y Mariano Hernán, que nos invitaron a Jara Cubillo y a mi a compartir saberes en el curso que dimos. Y la verdad es que la experiencia estuvo a la altura de lo esperado, un verdadero festival de encuentros y diálogos que me ayudaron a entender mejor esta búsqueda compartida de una transformación social enraizada en el conocimiento y la práctica en torno a la salud y sus gentes afines.

Y este año tengo la suerte de hacer doblete. Por un lado profundizando en el enfoque de los mapas y los activos en salud junto a Jara, Mariano y Rafa en el curso de "Comunidad, participación e inclusión: cómo trabajar desde el modelo de activos", y por otro con una apuesta nueva junto a Beatriz Aragón (médica-antropóloga que hace la calle con el Equipo de Intervención con Población Excluida en Cañada Real) y Julio Lasheras (médico de familia y salubrista, que conjuga extraordinariamente el rigor científico y una mirada tremendamente humanista). Este segundo curso se titula "¿Salud pública para tod@s? prácticas interdisciplinares para una promoción de la salud que no deje a nadie atrás" y lo presentamos así:

"El abordaje de la intervención con colectivos en situación de pobreza y exclusión social desde la Salud Pública se ha basado fundamentalmente en una perspectiva de prevención de la enfermedad y modificación de estilos de vida no saludables. Esta es una dimensión necesaria, pero dicho enfoque puede suponer también una dificultad de cara a desarrollar proyectos de promoción de la salud y la autonomía con estos colectivos si no se tiene en cuenta a las poblaciones a las que van dirigidas las intervenciones. En este curso proponemos reflexionar sobre las claves y herramientas de las que disponemos como profesionales sanitarios que nos permitan desarrollar proyectos de promoción de la salud que incorporen la experiencia, el conocimiento y la participación de quienes viven en condiciones de exclusión social, aportando nuevas miradas desde otras disciplinas como la antropología, la sociología y la pedagogía que puedan ayudarnos."

¿Qué, cómo lo ves? Buena pinta, ¿no? Pues ya sabes, si puedes, no pierdas esta oportunidad, apúntate y nos embarcamos juntxs en esta búsqueda de una promoción de la salud sin exclusiones.

26 feb. 2017

Recuperar la historia, recrear el futuro

Pocos espacios de aprendizaje he conocido tan intensos como los Seminarios de Innovación en Atención Primaria. Varias semanas de intercambio virtual culminan con dos días de diálogo abierto en torno a un tema que se ramifica y concentra al mismo tiempo, empujando el pensamiento y las ganas de transformación lejos, muy lejos. 

Así me pasó que, tras haber enviado una primera presentación sobre la Longitudinalidad de la atención y el Cuarto Mundo, salgo con esta otra  que aquí comparto bajo el brazo, fruto de los compartires de este seminario (con especial mención a las aportaciones de Elena, Marta, Nabil y Bea). ¡Gracias a todxs lxs que habéis ayudado a empujar esto!

 Recuperar la historia, recrear el futuro


Qué difícil hablar de longitudinalidad, de continuidad, con quién ve su vida atraida de manera constante hacia un eterno retorno alrededor de cuestiones básicas de supervivencia, sin encontrar seguridades que permitan un apoyo firme desde el que dar un paso adelante.

"Necesitaríamos 2 años de saber que vamos a poder quedarnos en esta casa para poder arreglar nuestra situación". Esto me lo comentaba un hombre que, sin haber tenido nunca acceso a una vivienda digna, ya que con lo que gana recuperando chatarra no da para alquilar ni comprar nada, ha echado en numerosas ocasiones solicitudes de vivienda social que no han tenido nunca respuesta positiva. Así que lleva ahora ya 15 años ocupando casas vacías, cuatro por el momento, para evitar que le quiten a sus hijxs si se ve en la calle con ellxs. La mala suerte ha querido que cuando se ha tenido que mudar el cambio del colegio de lxs niñxs no ha sido rápido, y cuando lo ha conseguido le han vuelto a echar de su nuevo piso, con lo que durante varios años han tenido que andar varios kilómetros para poder acudir al colegio cada día. Según me contaba, el no saber si mañana o pasado seguirá en la misma casa o será desahuciado hace que no pueda planificar más que al día, sin ninguna referencia para saber si es mejor invertir el poco dinero que gana en arreglar las goteras de la vivienda o en un abono transporte.


Lo mismo les pasaba a las familias con las que comenzamos a hacer la Biblioteca de Calle en Tetuán. Eran familias rumanas, muchas de las cuales vivían en un edificio que se incendió en plena noche a las pocas semanas de conocernos. Una de ellas se hizo una chabola en la zona para mantener los apoyos que habian encontrado, sobre todo en el cole. Pero un mes más tarde la chabola despareció de un día para otro, arrasada por la excavadora y una orden de derribo. De esa familia no volvimos a saber más. Marcharon del barrio quién sabe adonde. Un nuevo ejemplo del nomadismo forzoso que sufren muchxs de quienes transitan los márgenes.

Precariedad máxima. Sin pasado, desconocido o malinterpretado por muchxs, ni futuro, ya que no hay alternativa que permita iniciar un camino hacia un horizonte claro. El único movimiento posible termina siendo la huida o la expulsión. Solo presente, un eterno y maldito presente.

Pero la precariedad golpea también desde otros lados. La asistencia institucional que se ofrece bajo el prisma de las ayudas no tienen tampoco proyección a largo plazo. Así, en los barrios con más dificultades es habitual que muchxs profesionales salgan pronto en busca de destinos menos complicados, o que incluso se establezcan turnos rotatorios en la atención a estas familias para evitar el "queme" profesional. Está claro que frente al desgaste que supone trabajar en estos entornos hay que establecer medidas, pero... ¿y qué pasa con el "queme" de quienes viven en estos lugares y no tienen opción de escapar ni rotar con otrxs? ¿No es algo a tomar en cuenta?

Estos cambios de profesionales obligan continuamente a recomenzar las relaciones con ellxs, a volver a exponer la propia vida con todos sus contraluces a alguien que no se sabe cuanto tiempo va a mantenerse en ese puesto, avanzando en cada vuelta de tuerca hacia una mayor desconfianza y despersonalización en la relación con el sistema.

Pero no es solo un problema de temporalidad, sino del propio enfoque de muchas de nuestras intervenciones que, sin darnos a veces cuenta, terminan atacando las minimas seguridades que aún tienen quienes viven en condiciones más difíciles. La mirada profesional enfocada hacia los déficits y las necesidades invisibiliza las propias capacidades que tiene cada persona o colectivo, tanto de puertas afuera como para si misma, potenciando aún más su precariedad. Así, cuando me encontré por primera vez con las familias rumanas de las que hablaba antes para ofrecerles participar en la Biblioteca de Calle como espacio semanal abierto a todxs lxs niñxs del barrio, su respuesta automática fue “Nuestros hijos ya van al cole”. Acostumbradas a que quienes no les conocen se acerquen para ofrecer cubrir necesidades de una manera que les señala como incapaces de asumir sus propias responsabilidades, luchan por quitarse de encima esas etiquetas. Pero no es fácil convivir con ese continuo marcaje precarizador. Así, una mujer nos contaba el otro día cómo su hija le pregunta cuando se entera que va a tener cita con su trabajadora social: "¿Vas a llorar otra vez, mamá?".

Avishai Margalit, filósofo israelí, plantea en una de sus obras, "Una sociedad decente", que en la actualidad la filosofía centra su atención en el ideal de la sociedad justa basado en el equilibrio entre libertad e igualdad. Pero este ideal de la sociedad justa, aunque sublime, es difícil de poner en práctica. En cambio plantea como algo más abordable la constitución de una sociedad decente, o civilizada, que es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas sujetas a su autoridad, y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros.

John Mcknight, tras muchos años de trabajo comunitario, aporta una clave para mi fundamental para encontrar una vía de salida a estas situaciones: “Las revoluciones comienzan cuando las personas definidas como problemas consiguen el poder de redefinir el problema”. Esa es una de las grandes cuestiones que debemos afrontar. La historia de quienes viven en gran precariedad no está escrita por ellxs mismxs, sino recogida en diferentes expedientes e historias realizados por difentes profesionales con quienes entran en contacto pidiendo ayuda o siendo evaluadxs por sus comportamientos. De esta manera, sus historiales engordan a base del señalamiento de incapacidades, taras y problemas (de hecho muchas veces el diagnóstico que reciben quienes viven en pobreza al acudir a consulta es "problema social", donde no queda claro si lo que se quiere decir es que la causa de sus molestias es sólamente social y por tanto no compete al clínico, o que esa persona es en si misma un problema social que hay que marcar como tal para su posterior vigilancia). Pero si el compromiso del personal sanitario es con el cuidado, prevención y promoción de la salud ¿no deberían también registrarse los esfuerzos y herramientas que esta persona pone en juego para intentar cuidarse? ¿No habría que recoger cuáles son sus prioridades y habilidades en este campo, y no solo sus carencias? ¿Qué queremos hacer de las historias clínicas (u otros registros profesionales según el caso), herramientas para comprender mejor o para catalogar / desechar / descargar la responsabilidad en quién nos enfrenta a la frustración del fracaso, del eterno retorno al punto de bloqueo?

Esta cuestión es especialmente clave cuando enfrente tenemos a algunx de lxs "Otrxs": pobre, migrante, loco/a... Sus claves de entender la realidad, de interpretar el mundo, rompen con las nuestras, y en ese desencuentro es fundamental que nos esforcemos en construir puentes que permitan el acercamiento y el reconocimiento. En el caso de quienes viven desde siempre en pobreza hay una cultura de resistencia que es casi siempre menospreciada, invisibilizada, no tomada en serio. Pero no por ello deja de existir ese anhelo de proteger la propia dignidad pese a todas las dificultades, poniendo en marcha diferentes estrategias que terminan cristalizando en una manera concreta de relacionarse y convivir con otros grupos sociales. Tenemos que aprender a reconocer esa cultura, esos valores, esa comprensión del mundo, para poder dar pasos concretos que permitan escapar de la espiral de eterno retorno en la que  encierra la violencia de la extrema pobreza.

“Mi padre fue alcóholico. Pero fue la impotencia de no poder sacar a su familia adelante, sin poder ganar ni un duro desde que se levantaba hasta que se acostaba, lo que le mató".

¿La historia clínica de este hombre recogería algo de lo importante que era para él poder hacerse cargo del cuidado de su familia? ¿O se quedaría en el mero diagnóstico de la dependencia alcohólica? ¿Diría algo sobre sus esfuerzos por conseguir ganar algo de dinero, o de las habilidades que trataba de poner en juego para ello? ¿Leerla nos empujaría a juzgarle, incluso a darle por perdido, o a movilizarnos para encontrar una solución aportando además pistas de por donde buscarla?

"Lo que más se necesita es que te entiendan, que se pongan en tu situación, no que encima te tengas que sentir cuestionada, que tengas que dar pena para ser ayudada, que cuanto peor estés más ayuda puedas conseguir, es como funciona el sistema. Te cuestionan, a lo mejor te pagan la luz pero te pasas tres noches llorando porque te sientes mal. La ayuda es la comprensión y el calor que puedas recibir. Muchas veces lo que necesitamos no es que nos paguen una facturas, si no ver la manera de que podamos sentirnos que podemos hacerlo, que hay otras posibilidades".


Ese es el reto al que debemos enfrentarnos: recoger una historia fiel a esa búsqueda de dignidad que todas las personas compartimos, de manera que ayude a recrear este futuro hoy negado a quienes están en una situación más difícil, a escapar del eterno retorno del presente precario, desde las siguientes claves:
    • basarse en escucha respetuosa, comprensiva y atenta. 
    • mantener un diálogo siempre abierto en torno a cual puede ser nuestro papel de acompañamiento en el cuidado de la salud. 
    • apostar de manera clara (y apostar siempre conlleva un cierto riesgo) por que todas las personas, incluidas quienes viven en situaciones más difíciles, puedan ser protagonistas reales de sus vidas, promoviendo para ello dinámicas de libertad y autonomía. 
    • plantear esta recogida de la historia como una herrmamienta que nos ayude a aprender y a comprometernos más y mejor con este mundo tan cercano y lejano al mismo tiempo.
Frente a la extrema precariedad que oculta el pasado y niega el futuro solo es posible avanzar si somos capaces de reconstruir, paso a paso, la historia que de verdad merece ser rescatada: no la de la impotencia perpetua, sino la de la esperanza y la dignidad. Así, en el primer caso que compartía sería necesario no quedarse en el diagnóstico de depresión o lumbalgia, sino recoger también la vulneración constante del derecho a la vivienda digna que le deja sin fuerzas para seguir pese a haber probado ya con diversas alternativas; o su trabajo recogiendo chatarra ocho horas al día, sin ninguna garantía de encontrar nada por más que se esfuerce, como única manera de complementar la pobre Renta Mínima que recibe su familia y que nos les permite llegar ni a mitad de mes.

Y es que complementando la visión de la realidad de esta manera no solo conoceremos mejor sus capacidades, sino que también tomaremos mejor conciencia de nuestra responsabilidad colectiva como sociedad, y así dejaremos de echar toda la responsabilidad de sus penurias sobre sus hombros.

¿Nos ponemos a la tarea? Hay mucho que escribir...

6 feb. 2017

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"Las revoluciones comienzan cuando las personas definidas como problemas consiguen el poder de redefinir el problema.

Un punto clave en el desarrollo de la lucha por los derechos civiles fue la capacidad del movimiento negro de declarar el "problema blanco" como la cuestión central. La gente declarada deficiente y en necesidad se quitaba de encima sus etiquetas y conseguía bloquear a sus opresores.

Había algo revolucionario en esta estrategia. Reconocía que el papel de etiquetar a la gente como deficiente y declararla en necesidad es la herramienta básica de control y opresión en las sociedades industrializadas modernas. Los agentes con poder de etiquetar en estas sociedades son los profesionales de ayuda."


John McKnight (The Careless Society)

¿Somos conscientes del poder que tenemos muchos profesionales para encerrar a nuestrxs "usuarixs" en etiquetas que funcionan acallando su voz y justificando la necesidad que tienen de nosotrxs como interlocutores únicos frente a su "problema", desactivando así las respuestas que se puedan dar de manera más horizontal y comunitaria?

Porque a poco que lo pensemos es enfermiza nuestra obsesión por clasificar y diagnosticar la realidad, y así separar a los diferentes tipos de pobres, de enfermos, de chavalxs con problemas de desarrollo... En vez de un diálogo personal abierto con estas realidades, varias cajas en las que encerrarlas.

Abramos canales de comunicación... aunque esto nos pueda dejar fuera de juego. Seamos valientes. 

21 ene. 2017

Mañana no vuelves, ¿verdad?

Texto aportado al Seminario de Innovación en Atención Primaria sobre Continuidad/Longitudinalidad en la Atención Clínica que se celebrará en Madrid en unas semanas. 
  • La semana que viene no vuelves, ¿verdad?”. Eso es lo que le preguntó un niño a una de las animadoras de una biblioteca de calle realizada en un barrio del chabolas en el que comencé mi compromiso con ATD Cuarto Mundo hace ya 20 años. Era el primer día que iba allí, y le habían hecho la vida imposible quitándole la muleta que necesitaba para andar y burlándose de ella. “¡Claro que volveré la semana que viene!”, contestó ella con una sonrisa, desarmando el reto que le habían lanzado. Porque en aquel barrio había una larga historia de asociaciones varias y múltiples voluntarios que habían pasado y marchado en los últimos años, defraudando los vínculos y esperanzas que se establecían con quienes allí vivían, en quienes resonaba un eco subterráneo de que no eran lo suficientemente buenos como para que quienes venían a ayudar se quedasen a largo plazo. De hecho en el barrio se oía de manera recurrente “estos niños son muy malos, no sé por que venís aquí con ellos, será porque os pagan”. Así, casi mejor espantar a quién se acercaba por primera vez, ponerle a prueba para ver si iba en serio y estaba dispuesta a estar y quedarse. Superada esta prueba de fuego, las cosas fueron mucho más fáciles los siguientes días para esta animadora, y por consiguiente para todo el equipo, hasta que se volvía a incorporar alguien nuevo y… ¡vuelta a empezar! 
  • No te creas nada de lo que te cuenten, mienten siempre”. Eso me dijo el compañero con más experiencia al comenzar a trabajar en un Centro de Atención Integral a Drogodependientes en Madrid. Pese a mi rechazo inicial, a las pocas semanas tuve que darle en parte la razón: la relación con los usuarios/as del centro se centraba en controlar si consumían o no, en una dinámica cuasi-policial puesta en práctica por profesionales muchos de los cuales no teníamos formación específica en drogas y no llegamos a durar ni un año en el puesto. Un caldo de cultivo ideal para que se busque el atajo que permita conseguir lo que se quiere y escapar del castigo siempre amenazante, sin dejarse marear por quienes estábamos aterrizando en un mundo que desconocíamos utilizando frecuentemente la autoridad de la bata como escudo para ocultar nuestras inseguridades. Además, los vínculos posibles son tan efímeros con tanto profesional en tránsito que, ¿cómo puede surgir así la confianza, que necesita un largo plazo para brotar? 
  • ¿Porqué no queréis a nuestros hijos?”. Esa fue la pregunta que nos lanzó en un taller sobre salud una mujer gitana rumana, que contaba como en todos los lugares donde había estado en sus largos años de viaje por Europa enseguida se le acercaban dispositivos sanitarios para tratar de convencerla de que debería utilizar anticonceptivos y así no tener más hijos. Otros temas de salud solo salían si ella lo demandaba. Así, los profesionales que la han atendido han sido muchos y diversos, pero la línea de actuación desde el sistema sanitario ha sido bastante homogénea y estable a lo largo del tiempo, remarcando el control de la natalidad como algo que estas familias debían adoptar como prioridad y señalándolas como irresponsables o incapaces si no lo hacían. 
Me vienen estos tres ecos a la memoria al pensar en la continuidad de la atención y los colectivos en exclusión social. La multiprecariedad vital en la que viven hace que muchas veces tengan que peregrinar de manera frecuente y recomenzar de nuevo en nuevos lugares, pero aún cuando esto no es así sus vínculos y relaciones son también muy vulnerables, con idas, venidas y frustraciones acumuladas que hacen que muchos no quieran asociarse con ellos o lo hagan solo temporalmente. Y esto no hace sino agravar su inseguridad vital, pues además se les culpa del fracaso de la relación, sea personal o profesional: “No quiere poner nada de su parte”, “no se esfuerza lo suficiente”, “yo he hecho todo lo posible, el resto es cosa suya”… Diferentes manera de enfrentarse a la impotencia que compartimos muchas veces con ellos pero de la que nos queremos desembarazar echándola exclusivamente sobre sus espaldas. 

Pero sí que hay ejemplos de atención longitudinal y de calidad con estos colectivos. Para mí un ejemplo claro es el de la UVAAD (Unidad de seguimiento cercano y Apoyo a la Atención Domiciliaria perteneciente al Servicio de Microbiología Clínica del Hospital Gregorio Marañón). En ella se viene trabajando desde hace años con pacientes infectados por el VIH que por diferentes razones (aunque en casi todos los casos relacionadas con una situación de exclusión social) han tenido dificultades en el seguimiento de unas pautas de tratamiento y en el control evolutivo de su enfermedad en otras unidades. Un estudio realizado en esta unidad durante el periodo 2004-2006 demostró que la intervención de la UVAAD mediante un abordaje específico, individualizado, interdisciplinar, activo y sostenido, atento a los aspectos psicológicos, sociales y sanitarios en el día a día y en el entorno del paciente es capaz de neutralizar efectos negativos clásicamente asociados al fracaso terapéutico en pacientes con infección VIH, con una eficacia similar a la de cualquier nuevo antirretroviral puesto en el mercado comparando las mismas variables (supervivencia, adherencia al tratamiento, etc.). Pero esto no se logra por casualidad. Es fruto de dos claves de partida compartidas por el grupo de profesionales que lo puso en marcha: por un lado la indignación y ganas de entender las causas que permitían la muerte de muchos jóvenes cuando ya había tratamiento para el VIH, pero que estos no tomaban; por otro el compromiso que nace de asumir la responsabilidad profesional que se tiene frente a esto, sin tirar del comodín "es que no hace lo que le digo". Y ese compromiso es el que les llevó a patearse los barrios de chabolas, a analizar con la gente sus dificultades y a buscar soluciones adaptadas.

En un trabajo que realizamos para valorar las claves de la eficacia de estar unidad bajo la perspectiva de los pacientes que acudían a ella, había tres claves que sobresalían para ellos: el trato personal, la continuidad en el tiempo y la atención integral. Tres características que justamente suelen echar en falta quienes viven en exclusión en otros dispositivos y que, si bien son importantes para todo el mundo, lo son aún más cuando menos seguridades vitales se tienen.

Al mismo tiempo, desde la perspectiva de los colectivos excluidos es fácil constatar que la mayor parte de las intervenciones que reciben por parte de los profesionales mantienen unas constantes inmunes al paso del tiempo o al cambio de espacio: el desconocimiento de sus capacidades y inteligencia, la continua suspicacia y evaluación, la puesta en cuestión sobre si pueden o no atender debidamente a sus hijos e hijas, etc. Así, terminan sintiéndose encerrados en su papel de víctimas incapaces, y desde ahí no hay casi margen para la promoción personal y el desarrollo de habilidades para el cuidado propio y de otras personas. No hay más que pensar en el título que les colgamos últimamente: “colectivos vulnerables”. Es importante reconocer estas dimensiones de fragilidad que sufren, pero si nuestra mirada solo se focaliza en sus necesidades, incapacidades y dificultades, ¿cómo promover dinámicas que no caigan en la dependencia o el asistencialismo?

Es verdad que muchas veces, frente a quien viene de una realidad muy diferente a la nuestra, marcada por la pobreza y la exclusión, la comunicación es difícil. Cuesta el diálogo porque venimos con claves y herramientas diferentes, no se trata sólo de que el otro no sepa expresarse o comprender. Nosotros tampoco entendemos la realidad de la exclusión vivida desde dentro, y también nos cuesta un mundo expresarnos con claridad en un lenguaje comprensible.


Por eso precisamente necesitamos tiempo, mucho tiempo y voluntad de diálogo y aprendizaje. Porque quienes viven en pobreza y exclusión pueden enseñarnos mucho sobre lo que supone vivir en condiciones muy difíciles y cuáles son las claves de acción que pueden ser realmente efectivas en estas situaciones. ¿Cómo debemos acercanos a colectivos nómadas, o a las personas sin techo, o a quienes están en prisión? ¿Qué necesidades tienen, cuáles son sus prioridades de actuación? Solo apostando por una presencia a largo plazo al lado de quienes viven en estas condiciones, poniendo las bases para la confianza y el reconocimiento mutuo, será posible encontrar pistas que nos ayuden a avanzar en una línea común y promotora de salud. Una salud que debemos construir en diálogo, mirándonos cara a cara.

19 dic. 2016

Claves de la salud

Del Colectivo Silesia no hay que perderse nada de lo que publican. Como muestra, el botón de este post de Javier Padilla sobre cómo se interrelacionan el trabajo, los bajos ingresos económicos y la salud, ahora que la nueva ministra del ramo sanitario apunta al empleo como la clave de una buena salud. 

El empleo como tarjeta sanitaria.



Cuando uno piensa en cómo hacer que sus servicios públicos sean justos, equitativos o la palabra que queramos usar para decir que estén alineados con la corrección moral que la sociedad quiera dar a dicha distribución, se hace tres preguntas: ¿qué voy a repartir? ¿entre quiénes voy a repartirlo? y ¿cómo voy a hacerlo?
En el caso de la sanidad, el qué en disputa en los últimos años ha sido el derecho a la asistencia sanitaria, el cómo se ha ido haciendo de diferentes maneras según el lugar, pero la verdadera clave está (y estará) en el entre quiénes.
La evolución de nuestro sistema sanitario ha sido la de evolucionar hacia una universalización gradual de la cobertura que, a partir del año 1999, trataba de desvincularse del papel regulador del trabajo; esto es, la transición de un modelo de seguridad social a un sistema nacional de salud daba un paso fundamental en el paso de “asegurado” a “sujeto de derecho”, pasando del “asegurado porque cotiza -porque tiene empleo remunerado- al “sujeto de derecho porque es miembro legítimo* de la sociedad”.
El empleo como llave que todo lo abre.
El empleo (tenerlo o no, y en el caso de tenerlo cuáles sean sus condiciones) es un determinante de salud; eso es algo que tenemos claro. Lo que no acabamos de ver tan claro es que además de determinante de salud sea llave para el acceso a servicios públicos que garanticen la posibilidad de vivir -pensión, asistencia sanitaria,…-. Este deriva es la que Guillermo Zapata describía magistralmente hace dos años en un artículo de eldiario.es:
El workfare vendría a ser la fórmula neoliberal del wellfare (el estado del bienestar de toda la vida) y se basa en vincular los derechos principalmente a dos campos: el empleo y la nación.
Este workfare es el que hace que en los últimos años la asistencia sanitaria en España haya fortalecido su vinculación con la Tesorería de la Seguridad Social y ya no sea la pertenencia a la sociedad la que haga de llave de entrada para la obtención del derecho a la asistencia sanitaria, sino que es el beneplácito de la institución recaudadora de las cotizaciones ligadas al trabajo la que lo hace.
En su primera intervención como Ministra de Sanidad, Dolors Montserrat hizo una defensa de la creación de empleo como forma de garantizar la expansión de la cobertura sanitaria y, en general, el sistema de bienestar… se le olvidó añadir que ese sistema de bienestar quedaría acotado a las personas que “disfruten” de esos empleos.
Partimos de la base de que 1) el empleo continúa configurándose como la puerta de entrada a los derechos sociales, 2) el empleo supone un determinante de salud fundamental, 3) la falta de empleo -¿o más bien de recursos?- se relaciona con peor salud y la tendencia es a vincularla con falta de acceso al sistema sanitario -y otros servicios públicos- y, fundamentalmente, 4) vamos hacia (eufemismo de un futuro muy presente) la era de la no existencia de empleo para toda la población.
Rentas mínimas, rentas básicas y salud… ¿qué sabemos de esto?
Con todo esto podemos afirmar que estamos configurando un sistema en el cual la puerta de acceso es una por la que no vamos a caber todxs… a no ser que se abran puertas alternativas. Una de las puertas alternativas que se plantean, dentro del intento de desvincular empleo y derechos, es la implantación de una renta básica (más o menos incondicional, según autorxs) que desvincule la necesidad del empleo de la subsistencia y desarrollo de una vida que pueda ser digna (este enfoque de dignidad de la vida vinculado a la salud es el que se defiende en un artículo publicado en 2007 en la revista Ciência $ Saúde Coletiva narrando la experiencia brasileña de expansión de rentas y su vinculación con la salud).
¿Qué sabemos de cómo repercurtiría este cambio de foco en la salud de las personas y las poblaciones? La literatura sobre los efectos de una renta básica sobre la salud no es muy prolija, aunque sí hay más datos sobre los beneficios para la salud de poner recursos económicos en las manos de las personas que no los tienen.
Recientemente fue publicada una revisión sobre “El impacto de las rentas mínimas en la salud poblacional: evidencia de 24 países de la OCDE”. Esta revisión no habla de rentas básicas sino de rentas mínimas, pero alguna de sus conclusiones pueden ser interesantes para ver por dónde pueden ir los efectos de la expansión en cobertura y no-condicionalidad de estas iniciativas. En el artículo se afirma que incrementos del 10% en una escala de valoración de la “bondad” de la renta mínima se relacionó con disminuciones de la tasa de mortalidad y con incrementos de 0.44 años en la esperanza de vida; los ámbitos de impacto de estas rentas mínimas en materia de salud que se mencionan en el artículo van desde la disminución de la pobreza, la reducción del porcentaje de población con necesidades médicas no cubiertas por motivos económicos, la tasa de tabaquismo o la prevalencia de sobrepeso.
En relación con rentas no condicionales en 2014 la revista PLoS One publicó un artículo titulado “Impact of the non-contributory social pension program 70 y más on older adults’ mental well-being.”; en él se redactan las siguientes conclusiones:
“Estos resultados sugieren que una renta no condicional en personas mayores tiene un impacto más allá de la esfera económica, llegando a impactar incluso en el bienestar mental. Este efecto podría explicarse por los sentimientos de seguridad y bienestar producidos por la pensión. Es recomendable que los gobiernos inviertan en universalizar los programas de pensión no contributivas para asegurar una renta básica en las personas mayores”
Probablemente el experimento mejor documentado en relación con los efectos sobre la salud de renta básica no condicional de base individual fue el llevado a cabo a mediados de los años 70 en un pueblo de Canadá: Dauphin, donde se observó cómo una renta individual, no condicional y periódica disminuyó las consultas médicas por problemas de salud mental y los ingresos por accidentes y lesiones. Estos resultados se han visto refrendados por algunas experiencias y experimentos posteriores.
En un artículo recientemente publicado en el BMJ “A universal basic income: the answer to poverty, insecurity, and health inequality?” se aborda nuevamente este tema abundando en los ejemplos al respecto.
Si está bien documentado que la baja renta, la desigualdad social y la inseguridad laboral se relacionan con malos niveles de salud, parece lógico pensar que medidas encaminadas a aumentar la renta, disminuir las desigualdades sociales y hacerlo de forma no condicional, esto es, incrementando la seguridad al respecto de la misma podrá tener un efecto positivo sobre la salud de la población.
El empleo no puede ser la llave que abra las puertas de una vida digna, especialmente cuando el empleo es un fenómeno probablemente en vías de extinción (o al menos de escasez). Contradiciendo a lo que dijo la ministra de sanidad, servicios sociales e igualdad, probablemente la mejor forma de garantizar la salud de la población y la sostenibilidad social de nuestros servicios públicos sea logrando que la gente no tenga que desempeñar trabajos de mierda para poder acceder a los servicios públicos fundamentales.
(*) esta “legitimidad” es lo que hace que el poseer el derecho a la asistencia sanitaria haya ido fluctuando hasta llegar a cada vez más gente hasta que en el año 2012 se restringió nuevamente y tomó un cariz mucho más ciudadanista, excluyendo a aquellas personas en situación de irregularidad documental.