24 oct. 2017

De riesgos y solidaridades

Uno de los textos que más me ha impactado últimamente por su capacidad de iluminar algunos aspectos sobre los que se suele pasar de puntillas, pero que son fundamentales para poder entender nuestra manera de situarnos en relación a la salud, es el de "Viejos y nuevos riesgos: en busca de otras protecciones", de Sandra Caponi. Pero cuando además se pone en diálogo con Raúl Zibechi y su propuesta de "La mirada horizontal", merece la pena pararse, escuchar y buscar cómo resituarse.

Y es que el tema de los riesgos, su utilización en el mundo sanitario y el cómo se han enfrentado a lo largo de la historia es un tema a revisar:

"En la sociedad industrial el riesgo se asocia con los accidentes de trabajo y con la pobreza y paralelamente se vincula con las ideas de protección social y seguridad. El reconocimiento de los riesgos llevó a que fueran creadas, estimuladas y organizadas nuevas formas de solidaridad popular tales como asociaciones de ayuda mutua, las cajas obreras, las cooperativas y mutuales, redefiniéndose los roles y las nuevas funciones del Estado. Así, la protección contra los riesgos implicó, en las sociedades modernas organizadas, la construcción de redes de solidaridad profesional integradas con un Estado capaz de garantizar la existencia de estrategias de protección contra fenómenos tales como los accidentes de trabajo, el desempleo, la enfermedad o la vejez. El Estado y las categorías socio-profesionales homogéneas son las bases sobre las que se han edificado los sistemas de protección colectiva.

(...)

Mientras los riesgos clásicos se refieren a contingencias de la vida cuyas consecuencias pueden ser "dominadas porque se socializan", tales como la vejez o el desempleo, los nuevos riesgos se refieren a una serie de amenazas difusas que se confunden con las debilidades y las dificultades propias de la condición humana. A lo mejor porque estos nuevos riesgos se asocian a catástrofes naturales o a conductas individuales (el número de compañeros sexuales), y por tanto parecen llevar la marca de lo incontrolable, y consecuentemente de la frustración y el fracaso.

(...)

Si los múltiples riesgos a los que estamos expuestos en la vida moderna no son mutualizables, si su control depende de cambios de comportamiento individuales, el traslado de esta lógica a los riesgos clásicos significará necesariamente un aumento de la desprotección y el aislamiento. Trasladar esa lógica a los accidentes de trabajo, a la vejez, a la enfermedad, a la violencia o al desempleo significa retirar las protecciones sociales y substituirlas por la lógica de la responsabilidad individual. Por esa razón "la ideología generalizada e indiferenciada del riesgo [la llamada "sociedad del riesgo"] se ofrece hoy como la referencia teórica privilegiada para enunciar la insuficiencia, el carácter obsoleto, de los dispositivos clásicos de protección".

(...)

La relación entre riesgo, accidente y pobreza estudiada por los higienistas del siglo XIX se ha subordinado a una nueva percepción sobre los riesgos, la de una amenaza difusa y permanente que nos condena inevitablemente al fracaso. La desaparición y el debilitamiento de las protecciones sociales clásicas dan testimonio de esa subordinación, que no por haber sido reiteradamente denunciada ha dejado de ser verdadera. El repliegue de las clásicas protecciones estatales contra la vejez o contra la violencia, y la inevitable consecuencia de que esas protecciones están en nuestras manos (como controlar el estrés o la taza de colesterol) genera monstruosidades."


Una perspectiva que nos permite resituar el concepto de riesgo y abordar los problemas que conlleva su enfoque actual mayoritario, ¿no? Pues actuemos en consecuencia, así debería ser... Y ahí es donde Zibechi muestra un camino que aunque es bastante evidente tras leer lo anterior, nos cuesta asumir desde nuestras tradiciones de lucha colectiva:

"Otro de los errores que parece necesario combatir es la obsesión por el estado. Este aspecto tiene dos vertientes. Por un lado, el estado sigue siendo un referente esencial para el movimiento popular, que sigue pretendiendo -como en el período del estado benefactor- que resuelva los problemas acuciantes de la gente. La mayor parte de las energías de los movimientos aparecen destinadas a exigir que el estado cumpla un papel que ya ni quiere ni puede cumplir. La mayoría de las luchas tienen como destinatario al aparato estatal, en sus diferentes ramas o poderes. 

Esto provoca tanto la subordinación de los movimientos a la lógica del poder estatal como dificulta que esos movimientos se concentren en la autoayuda en los niveles de base, única forma de recrear las redes de solidaridad entre los de abajo. 

(...)

Parece necesario, para trabajar por la emancipación social, abrir espacios propios fuera del alcance y de la lógica del mercado, donde construir poderes locales democráticos y autónomos. Espacios en los que sea posible ensayar nuevas formas de vida, como fueron los sindicatos, las organizaciones obreras y los barrios proletarios. Deberían ser una suerte de “laboratorios culturales” en los que hombres y mujeres sean capaces de tejer vínculos cara a cara, directos y sin intermediaciones. Espacios que sean lo suficientemente libres y abiertos como para permitir experimentar sin temor a los errores y fracasos, única forma de crear las condiciones para que se inviertan, o subviertan, los valores dominantes. Una larga práctica en espacios no contaminados, o escasamente contaminados, por la lógica dominante (incluso por el mercadeo político), puede dar pie a que se practiquen y reflexionen nuevas formas de vida, códigos propios, que vayan dando origen a una cultura política diferente, basada en la autonomía. 

(...)

Demasiado tiempo lleva el movimiento social mirando hacia afuera, hacia el estado, las instituciones, los poderes públicos o los llamados países socialistas. Mirar hacia afuera es lo que aprendimos, lo que la sociedad moderna exige; salir hacia afuera para construir otro mundo, una correlación de fuerzas más favorable. Nuestro propio mundo se ha evaporado -entre otras razones- por no prestarle la suficiente atención. Esta tendencia debe invertirse. 

(...)

Se trata de luchar, en cada lugar, por más democracia: en el barrio, en la fábrica, en el centro de estudio, en la familia. Sólo así podremos construir poderes democráticos en base a vínculos sociales solidarios y abrir espacios de sociabilidad popular. En esta lucha, debería ir tomando cuerpo una ética de la autonomía y de la diferencia, relaciones intersubjetivas que consideren a todos y todas sujetos iguales que colaboren y cooperen entre sí, rehuyendo la competencia que alienta el sistema."

Es importante revisar y calibrar nuestras brújulas... Y a mí esta pareja me ayuda a centrarla en torno a unas referencias que me parecen esenciales. A seguir caminando pues...

16 oct. 2017

7 Razones por las que apoyar #LosCuidados

Llevamos ya algo más de 30 días en campaña de crowdfunding de #LosCuidados, y este tiempo de presentar el proyecto y dialogarlo ha sido, como siempre que se abre algo a compartir, muy rico e interesante, y me ha ayudado a entender mejor el porqué tiene sentido apoyar una aventura como esta. Así que ahora que estamos en la recta final de cara a conseguir el mínimo presupuesto para hacerlo posible, acá lanzo las 7 principales razones que encuentro para apoyar este proyecto, por si pueden animar a alguien indeciso en estos días finales.


1.- La salud no debe ser un negocio, pero se hacen muchos negocios (cada vez más), con la salud. Las industrias farmacológicas y tecnológicas nos avasallan con mensajes constantes vendiéndonos las bondades de sus productos, tergiversando el sentido de lo que es la salud. Para recuperar este sentido es necesario recuperar las narrativas a pie de barrio, una búsqueda en la que ha participado desde hace años el C.S. Vicente Soldevilla y de la que se hace eco este proyecto de #LosCuidados.

2.- Se acumulan desde hace tiempo los datos sobre la influencia de los Determinantes Sociales en la Salud. Pero este saber se puede conseguir también de una manera más directa, preguntando directamente a la población, como hicieron los profesionales del C.S. Vicente Soldevilla en los años 90, lo que les llevó a escuchar con claridad el mensaje de gran parte del vecindario de San Diego: "sin vivienda digna, no hay salud". Eso cambió para siempre la práctica de algunxs de estxs profesionales y sus vínculos con la comunidad. Y de esta historia podemos seguir aprendiendo muchxs otrxs.

3.- Esta práctica que se puso en marcha en torno al C.S. Vicente Soldevilla permite recuperar muchas claves de cómo establecer una colaboración fructífera entre un colectivo profesional y el vecindario para garantizar los derechos y la salud de todxs. Una oportunidad para entender mejor qué es la participación y como entrelazar luchas entre instituciones y ciudadanía, algo tan en la picota ahora mismo.

4.- Al mismo tiempo, los encuentros cotidianos que han ido entrelazando las vidas de esta gente se han entroncado en torno a una dimensión frecuentemente olvidada, invisibilizada o tergiversada: la de los cuidados. Por eso es necesario poder reconstruir esta historia común poniendo bajo los focos lo que ha sido su núcleo vital, esta búsqueda compartida en torno a cómo sostener y acariciar la vida.

5.- Cada vez se toma más conciencia, dentro de algunos colectivos profesionales y activistas, de la importancia de las dimensiones comunitarias de la salud y de la centralidad de los cuidados. Pero en otros ámbitos estos temas siguen siendo minoritarios, incluso marginales. Por eso creemos que es necesario apostar por contar, de manera atractiva y accesible para todo el mundo, las claves de esta historia, en un documental y un libro que sea bonito al mismo tiempo que cargado de significado. 

6.- Pero más allá, o más acá, de estas razones, la más importante para mí es que detrás de este proyecto y de esta experiencia hay nombres muy concretos y muy reales, de personas por las que merece la pena apostar porque ellas han apostado siempre por otrxs: Juan Luis, Mª José, Antonio, Jara, Mar, María, Edith, Luis, Jesús, Marta, Victoria, Diego... Y tantas otras, como tú, como yo, gente dispuesta a creer, a soñar y a hacer realidad esos sueños.

7.- La última... Que ahora que queda tan poco para poder hacerlo posible, cuando casi 200 personas se han dejado conquistar por esta propuesta, sería una pena que con lo poco que queda no lo lográramos, ¿verdad?

9 oct. 2017

Enredando

Ahora que se viene hablando tanto de participación y el enfoque comunitario de la salud, ahora que hay tantas ganas de aprender y desarrollar prácticas en este sentido, un par de píldoras del libro "Sin Poder", de Javier Encina y Ainhoa Ezeiza, que me parece claves fundamentales:

"Para pasar de sujeto individual a sujeto colectivo, no se trata de trabajar con suma de individuos, ni siquiera con suma de colectivos, no es trabajar con asociaciones ni siquiera con colectivos estructurales (inmigración, mujer,…), no es que l@s técnic@s dejen opinar ni siquiera que escuchen, no es que todo lo que se diga en un grupo esté bien, ni mal, sino que se trata de trabajar enredando y enredándose entre los cultivos sociales y desempoderandose individualmente para construir colectivamente.

(...)

El estilo de la democracia radical puede ser el de la conmoción, que contrasta explícitamente con toda forma de promoción, la cual implica suponer que la gente está paralizada (hay que moverla) o que se mueve en dirección equivocada (moverla en la dirección verdadera, que el promotor posee). La conmoción y el contagio suponen moverse con el otro y hacerlo con todo el ser, no solo con la cabeza"

12 sept. 2017

Un huerto, muchas vidas enredadas

Releyendo algunos documentos encuentro la definición de "Activo para la salud", un término bien en boga en el mundo sanitario y comunitario: «Cualquier factor (o recurso) que mejora la capacidad de las personas, grupos, comunidades, poblaciones, sistemas sociales e instituciones para mantener y sostener la salud y el bienestar, y que les ayuda a reducir las desigualdades en salud.» (Morgan y Ziglio, 2007). Y el enfoque de trabajo con activos, Morgan y Hernán lo definen como «Proceso de coproducción de salud entre personas, comunidades y profesionales en un contexto determinado.».

A veces estas definiciones quedan flotando en el aire, abstractas y desconectadas del "mundo real". Pero otras veces toman cuerpo, conectando con experiencias vitales que dan pleno sentido y lanzan estos conceptos mucho más allá de lo que las propias palabras son capaces. Esto es lo que ha pasado, por ejemplo, con el Huerto de la Ventilla, ahora amenazado de desalojo

A lo largo de los meses que venimos desarrollando la dinámica de Comunidades Activas en Salud, una de las cosas que hemos ido recogiendo en las reuniones con profesionales y vecinas/os han sido las redes y espacios de apoyo para el cuidado de la salud. Y en Tetuán, este ahora amenazado Huerto de la Ventilla ha salido como ejemplo de espacio saludable muchas veces. Un botón de muestra:

“El huerto del barrio ha ayudado mucho a las relaciones por lo abierto que ha sido a todo el mundo, sin distinciones. Ha sido muy inclusivo. Todos hemos sido tratados iguales, y claro, te encuentras a gusto. Un espacio común, y una tarea común. Los niños allí son el nexo de unión entre los padres. Por el hecho de compartir el espacio para que los niños jueguen les da pie, a personas que en la calle no verían juntas, a tener una relación más personal y que luego se apoyen entre ellos. Hay unas normas, que en un parque público no las hay, por ejemplo no se pueden entrar mascotas que no estén atadas, no se permite beber en el recinto de manera abusiva. La prioridad son los niños y que estén en un entorno limpio y que vean que los mayores no tienen malos hábitos y así se crea un caldo de cultivo en el que pueden surgir relaciones de ayuda.”


Pues sí. En este Huerto hay muchos frutos, pero no solo se cultivan tomates y calabacines, que también redes, confianza, encuentro entre diferentes... Si releemos las definiciones del encabezado sobre "Activo en Salud" y "Trabajo con Activos", de repente se llenan de color y calor, sobre todo para quienes hemos participado en estos años de experiencia y construcción colectiva, de exploración y creatividad infantil y adulta, de tiempos cotidianos y al mismo tiempo extraordinarios... El Huerto de la Ventilla, el Huerto de la Asociación, el Huerto de al lado del cole, el Huerto de la biblioteca, el Huerto de mis amigas... Para cada quien, un nombre, una manera de apropiárselo y compartirlo al mismo tiempo. Para todas y todos, un espacio donde crecer en salud, en vida, donde enredar y enredarse con el vecindario, mucho más cercano en este espacio que en otros espacios del barrio. 







1 sept. 2017

La vulnerabilidad y el compromiso

En esta medicina nuestra tan abrazada al ideal de inmunidad y tan perseguidora de vulnerabilidades, ¿nos atrevemos a profundizar en cómo se construyen estos conceptos y qué esconden detrás? Lo mismo nos animamos a revisar desde ahí nuestro hacer en el mundo desde lo común...

Imprescindible este vídeo de la imprescindible Marina Garcés.

14 ago. 2017

En busca de acuerdos

La promoción de la salud es un campo amplio, diverso y con aspecto de cajón desastre donde parece que casi todo vale... Y no es así, o no debería serlo. Por eso es un gusto escuchar a quienes trabajan en una línea emancipadora, como María Consuelo Chapela, que en este par de vídeos ofrece una muy sugerente aproximación a su línea de trabajo. ¡Gracias a Julio por hacérmela conocer!


22 jun. 2017

El misterio de las recetas desfinanciadas

Su nombre no importa, ya estamos convencidas de ello. Al principio creíamos que su situación era excepcional, pero poco a poco vamos descubriendo cada vez más historias similares. Pero el suyo fue el primer caso que conocimos. Él se nos acercó para contarnos cómo al ir a la farmacia y recoger su medicación mensual le habían dicho que tenía que pagar: “¿cómo que tengo que pagar si yo no pagaba las medicinas?”, decía. Pero al consultar el ordenador el mensaje era claro: ahora su nombre va asociado a un TSI 3 (tarjeta sanitaria individual 3, es decir, que pagas el 40% del precio de las medicinas prescritas). Hasta ese día el protagonista de esta historia estaba exento del pago de las medicinas, ya que en su “unidad de convivencia” (es decir, su familia) perciben la Renta Mínima de Inserción (RMI) de la Comunidad de Madrid. Como era un caso aislado, o eso nos parecía entonces, nos dio por pensar que se trataba de un error informático, un cruce de datos desafortunado entre distintas instituciones que le había dejado fuera del amparo de la RMI de la que es titular su mujer, así que le dijimos que fuera a la trabajadora social para que le hiciera un justificante de receptor de RMI. Con el informe en mano, la pareja volvió a la tesorería de la seguridad social para intentar resolver el supuesto entuerto informático demostrando que recibe la RMI y que por tanto está exento de pagar los medicamentos que precisa.

Nada nos hacía pensar que fuera a haber problemas, ya que la legislación nos parece bastante clara al respecto. La exención de pagos se recoge en dos regulaciones diferentes: la primera es el funesto RDL 16/2012 que además de modificar la cobertura sanitaria universal para restringirla a aquellos que son asegurados, también regulaba el porcentaje de pago de las prescripciones según renta. En el RDL se dice que están exentos de pago aquellos que reciben rentas de inclusión (capítulo IV, punto 13.8 del RDL 16/2012) . La segunda regulación aparece en la normativa sobre renta mínima de la comunidad de Madrid, recogiéndose en el artículo 531 que aquellos que son beneficiarios de la renta mínima de inserción están exentos de pagar las prescripciones de medicamentos.

Pero el viaje de la pareja fue en balde y de nada les sirvió el informe que le había hecho la trabajadora social, ya que no se trataba de un error informático, si no que de la noche a la mañana nuestro protagonista no estaba exento de pagar la medicación por el simple hecho de que pese a convivir desde hace años, tener una hija en común y recibir la Renta Mínima como “unidad de convivencia”, al no estar legalmente casados no podía ser beneficiario del titular de la RMI y por tanto estar asegurado en las mismas condiciones. O al menos esta fue la conclusión a la que llegaron la pareja con las explicaciones que les dieron en la oficina de la tesorería de la seguridad social. No les entregaron ningún papel por escrito, nada se habló de un cambio de normativa, sólo que de repente ya no podía ser como antes…

Pero como decíamos, esta situación no es una anécdota. Este ha sido el primer caso de una veintena que hemos conocido en estas semanas. En algunos de ellos parece que el motivo es que la pareja no está casada legalmente, pero en otros casos sí que lo están y sin embargo les han quitado también la exención de pago, así que no alcanzamos a entender cuáles son los motivos del cambio en la aplicación de la normativa. Al ver que no se trataba de un caso aislado, preguntamos a las trabajadoras sociales del centro de servicios sociales municipal (las encargadas de ayudar a tramitar la renta mínima) para ver si ellas sabían a qué se debían los cambios. La misma perplejidad, las mismas dudas y tan sólo alguna explicación vaga de que la tesorería se está poniendo “más estricta con el cumplimiento de los criterios” y la iniciativa de “elevar” estas incidencias con la RMI a instancias superiores dentro del organigrama municipal.

También hemos insistido en enviar notas a través de los pacientes a la tesorería de la seguridad social para que nos explicaran a qué se debía este cambio brusco, adjuntando correos electrónicos y teléfonos pero todavía nadie se ha puesto en contacto con nosotras. La verdad es que ya nos corroe la intriga, no ha habido ninguna modificación en las dos regulaciones que contemplan el derecho a farmacia gratuita para los receptores de Renta Mínima y sin embargo se ha restringido de golpe sólo a los titulares. Cosa curiosa, ya que la RMI no se concede a una persona a título individual (salvo que esté sola) sino a la unidad de convivencia: de hecho para seguir percibiendo esta renta, todos los miembros de la unidad familiar tienen que cumplir con ciertas obligaciones como la escolarización, búsqueda de empleo… sin embargo, parece que ahora sólo cuenta el titular para la exención de pago, como si el resto de convivientes tuvieran otra forma de pagar las medicinas que no fuera la exigua RMI que reciben.

Acostumbradas como estamos a abrir cartas con logotipos institucionales informando del cambio de profesional sanitario o de la necesidad de vacunar a la progenie con la siguiente vacuna del calendario vacunal, echamos de menos una carta (o un whatsapp para ser más modernos) informando de los motivos por los que alguien que antes estaba exento de pagar las medicinas ya no lo está.

¿Un nuevo ataque a los derechos de quienes lo tienen más difícil para salir adelante? ¿Un nuevo recorte para ahorrar unos eurillos con los que reflotar la macroeconomía? ¿O simplemente un misterio veraniego a resolver con el que nuestras autoridades quieren que estemos entretenidos este verano?

No sabemos bien, pero mientras lo descubrimos, si es pobre, por si acaso acuérdese de no enfermar. 


Fdo. Lxs Insegurxs Sociales



6 jun. 2017

¿Qué es desecho?, me preguntas. Desecho eres tú

"Nos tratan como si fuéramos desechos"

Así de rotundo lo decía Miguel preparando hoy la Universidad Popular Cuarto Mundo y hablando sobre si se siente o no parte de la sociedad. No conozco mucho de su vida, pero es evidente a primera vista que no ha sido fácil. Le delata su rostro ajado, su mirada huidiza, su ánimo cansado y un tanto desesperanzado.

Con él y con otras personas que luchan desde situaciones de pobreza y exclusión llevamos unos meses hablando y pensando dentro del proyecto "Comunidades Activas en Salud" sobre cómo enfrentar las desigualdades en salud, tratando de vislumbrar cómo poner en marcha acciones que nos ayuden a borrarlas de los mapas de nuestros barrios. Van apareciendo así en esta exploración muchos lugares comunes con otros colectivos y espacios, como la importancia de la vivienda, los ingresos y el género, pero también algunos aspectos específicos que surgen a partir de la experiencia de la exclusión y la pobreza en carne propia.


kamshots Flickr via Compfight cc
: Pensaba en esto leyendo la entrada de Sergio Minué en la que recupera el concepto de Bauman sobre las "vidas desperdiciadas" y cómo la aparición de una parte importante de la población señalada como "residuos humanos" puede cambiar las bases que han sustentado hasta ahora los planteamientos de los llamados "estados del bienestar". Y me surgía la duda de qué es lo que ha cambiado para que ahora esta realidad sea reconocida de manera más clara, cuando hay tantas y tantos que se sienten tratados como  meros desechos no desde hace unos años, ni siquiera como una marca de nacimiento, sino como una herencia que se transmite de generación en generación. ¿Es que ahora este problema afecta a nuevas poblaciones? ¿Quizás es que la situación actual del mundo del trabajo no permite culpar de manera individual a quienes no se quieren incorporar al mismo y evidencia de manera más clara la responsabilidad del sistema? ¿O es solo una cuestión de cantidad?

Desde la Edad Media se ha marcado de manera clara la diferencia entre los buenos y los malos pobres. Quienes necesitaban una oportunidad y la aprovecharían si se les daba y quienes eran vistos como gente indolente, incapaz, impotente, cuyo máximo margen de acción era parasitar el sistema. Y esto no solo desde posiciones conservadoras, sino también desde quiénes soñaban con transformar el mundo de arriba a abajo, como Marx, que señalaba a los pobres no productivos (lumpenproletariado) como una amenaza para la revolución.

Esta diferenciación es la que ha justificado dinámicas sociales que han hecho que personas como Miguel y tantos otros y otras se hayan sentido, desde siempre, tratados como simples desechos. Y es precisamente por eso por lo que ellos y ellas nos pueden señalar cuáles son las claves de funcionamiento de esta gestión de residuos humanos que ahora parece que ha pasado a otra escala afectando a muchas personas y colectivos que hasta ahora habían conseguido escapar al conseguir colocarse la etiqueta de "productivos" que ahora se ha desprendido sin remedio.

No, no es nueva está gestión de "desechos humanos". Y aunque quizás tengamos poca conciencia de ello, desde diferentes ámbitos profesionales jugamos un papel primordial en ella desde siempre, y no sólo para paliar los problemas, sino que algunas dinámicas que sostenemos pueden golpear la dignidad de las personas más vulnerables y promover la exclusión y generación de estos "residuos". Un participante en el proyecto "Comunidades Activas en Salud" comentaba:

"La realidad muchas veces no la queremos mostrar, porque nos da vergüenza y porque nos ha colgado muchos prejuicios. Personas como por ejemplo yo, que me he tirado muchos años en prisión, he estado mucho tiempo en la calle tirado, he estado con problemas de drogas, he tenido problemas con familia, los servicios sociales me han quitado hijos... No al primer profesional que llega le vas a explicar toda tu vida… se lo explicas una vez, pero es que luego ellos cogen y lo apuntan en tu historial en un ordenador y luego cuando vas a ver a otro profesional entonces ya no se fijan nada más que en esa historia. Y de lo que se trata es que tienen que sacar ese problema que tú tienes en realidad en ese momento… No el que tú has tenido anteriormente… No de los años que tú has cumplido de carcel, o de los errores que has cometido y demás."

Una militante de ATD Cuarto Mundo, explicaba muy claramente la capacidad destructiva del sistema hacia personas como ella:

Daniel Kulinski Flickr via Compfight cc 
"Te sientes cuestionada, y encima tienes que dar pena para ser ayudada… Que cuanto peor estés sabes que más ayuda te van a dar… Si vas perfumada, si vas arreglada, no te ayudan igual. La burocracia, los papeles, el cómo me miran, el “¿realmente lo necesitará o no lo necesitará?”, el que te cuestionen, eso no te ayuda nada. Te pueden pagar la luz pero te pasas tres noches sin dormir porque te sientes mal. Y eso no te va a ayudar. Si te dan un abrazo lo mismo estás a oscuras, pero no tienes ese malestar... Desgraciadamente, como lo he vivido y tengo que hablar con la trabajadora social y he estado muy mal, he llorado en muchos sitios."

Vergüenza, prejuicios, la inercia de una historia que atrapa impidiendo avanzar, la victimización como única alternativa para conseguir ayuda y no ser catalogada como un parásito del sistema... ¿Hasta dónde pueden romper este tipo de dinámicas a una persona? ¿Qué dinámicas de resistencia permiten sacar la cabeza entre tantos pisotones? De esto también tenemos que aprender de quienes se encuentran en esta situación, como nos muestra esta misma mujer:

"Me dice mi hija cuando le digo “tenemos que ir a tal sitio” “¿pero vas a llorar, mamá?”; “Yo ya no lloro, hija, yo ya no lloro”. Si me quieren ayudar, si me quieren escuchar, si me quieren atender, pues bien. Y si no, pues si me tengo que ir de mala leche, porque lo que si que no me van a quitar es mi dignidad, ¿sabes? Soy honesta, voy con dignidad y tú a mi no me tienes que tratar como una mierda porque no lo soy”.”

Pero esta semilla de resistencia y dignidad necesita unirse a otras para transformar la realidad. Y no es fácil partiendo de donde parte. Hoy comentaba José en la misma preparación de la Universidad Popular: "es tremendo ver el metro a tope, con mucha gente de pie, y el sitio que hay a mi lado vacío. Nadie se quiere sentar ahí". Varias de las otras personas presentes asintieron enseguida: a ellas les pasa lo mismo con frecuencia.

¿Puede ser este momento, en el que también los "buenos pobres" son lanzados a la basura, la ocasión para unir fuerzas y cambiar la situación? ¿Hay capacidad de conexión entre estos dos mundos para generar una masa crítica suficiente? Ahí está la clave para transformar la crisis en oportunidad, para acabar con las dinámicas que manejan a tantos seres humanos como si fueran simples bolsas de basura que esconder, quemar o triturar.


27 may. 2017

Ecos activos

Dejo la mochila a un lado tras abrir la puerta y, cuando pasan los momentos de reencuentro hogareño,  de nuevo vuelven a resonar los ecos del Congreso de Activos en Salud en Granada. Unos días intensos, ricos, llenos de encuentros, diálogos, preguntas, pero también certezas. Sí, por una vez mis bolsillos vienen más llenos de claridades que de brumas, sin saber muy bien porqué. Pero aprovechémoslo.

La mesa final del congreso lanzó algunas cuestiones que ayudaron a ir más allá de las experiencias concretas compartidas para revisar el desde donde y cómo nos situamos los profesionales, y más en concreto lxs sanitarixs, en nuestra relación con la comunidad. Rafa Cofiño fue bien claro: "como bacterias que somos, podemos contaminar otros campos si invadimos espacios sin estar formados para ello". Todo un llamamiento a hacer lo que sabemos hacer, incorporando ahí la clave de activos comunitarios, reconocer lo que no sabemos y, desde ahí, dejar espacio para que otrxs lideren dentro de la propia comunidad. Y es que muchas veces damos por supuesto que nuestra buena disposición es suficiente, y no es así ni mucho menos.

En este punto me pareció importante que Sergió Minué trajera a colación a Bauman y sus "Vidas desperdiciadas", poniendo sobre la mesa la cuestión de la gran parte de la humanidad que es tratada como sobrante, como desechos, desperdicios de quienes no sabemos cómo deshacernos. En la busqueda histórica de una sociedad más justa una de las grandes peleas ha sido la de la universalidad, la de la construcción de un mundo, de unas reglas comunes que nos incluyeran a todos. Ahí cristalizan los derechos humanos en toda su amplitud, que tan fácilmente nos saltamos cuando de estas vidas sobrantes se trata (cuando traspasan vallas fronterizas, cuando se buscan la vida de manera autónoma escapando de la dependencia, cuando evidencian un universo demasiado diferente al que asumimos como "normalizado"...). Actualmente hay una brecha enorme con estas realidades, y cada vez va a más y no tenemos mucha respuesta frente a ello. Por eso es fundamental visibilizarlas, escucharlas, plantar los pies en su barro cotidiano para construir ahí cimientos que afiancen nuestra voluntad de no dejar a nadie fuera.

Dialogar con esta realidad cara a cara nos pueda permitir también entender mejor quiénes somos y qué podemos aportar. Escapar de la inercia que nos lleva a plantear proyectos propios con los que queremos enganchar a otrxs para descubrir qué sueñan y luchan por hacer real a pie de calle y cuál es la aportación que se nos pide. Aunque eso supone una disponibilidad que hay que asumir y no siempre es fácil. No es fácil renunciar a ser el dueño/a de tu destino, a decidir por tí mismo/a, y menos en esta sociedad de llaneros solitarios totalmente autogestionados. Pero si hablamos de participación y comunidad, tenemos que tener claro que el proceso debe ser dialogado, y nos puede empujar a asumir no tanto cómo conseguimos la participación sino cómo podemos arrimar el hombro en las acciones en marcha por el pro-común.

Seguimos hablando de la importancia de los determinantes sociales en salud mientras estamos atrapadxs todavía en la casi exclusiva oferta de educación de conductas individuales saludables. Efectivamente frente a muchos determinantes estructurales nos sentimos impotentes e incapaces de cambiarlos. Pero si paramos la máquina de actividades programadas y nos ponemos a escuchar, seguro que aparecen personas y colectivos que consiguen resituarnos en cuanto al poder que tenemos para aportar cosas significativas, más del que nos creemos. Por ejemplo, si la vivienda es un determinante claro y tremendamente precarizado en el momento actual, ¿por qué no plantearnos qué  podemos aportar para apoyar la lucha de los colectivos que luchan porque se reconozca como derecho? Ya hay ejemplos claros en este campo de cómo investigar y evidenciar el impacto de la perdida de vivienda en salud puede ayudar a legitimar esta lucha y explicarla no solo desde el buenismo sino desde lo que es, una cuestión que pone en jaque nuestras vidas. ¿Para cuando abrimos estas líneas de investigación entrelazadas con las realidades de del barrio, desde abajo y en los márgenes? Porque esa es la primera clave de la co-producción de salud de la que se hablaba al final de la mañana: decidir conjuntamente con las comunidades cuáles son las preguntas que nos queremos hacer para enfocar las acciones a construir.

15 may. 2017

Comunidad, ese misterio

Sigo recogiendo algunos retazos de ese libro a partir de ahora imprescindible para mí, "The careless society", de John Mcknight. Mira que es interesante todo él, pero el capítulo en el que explora qué es la comunidad me parece que debería ser de estudio obligatorio para todas aquellas personas comprometidas a pie de barrio (o pueblo). Acá van algunos retazos con traducción libre (aunque espero que fiel en su esencia):

" Cuando Tocqueville visitó Estados Unidos en 1831, encontró que los colonos europeos estaban creando una sociedad diferente de la que conocían en Europa (...) Observó tres características con las que estos grupso operaban: Primero, eran grupos de ciudadanos que decidieron que tenían el poder para decidir cuál era el problema. Segundo, decidieron que tenían el poder para decidir cómo enfrentar el problema. Tercero, frecuentemente decidían que debían convertirse en actores clave para poner en marcha la solución.

(...)

Una comunidad es más que un lugar. Comprende diversos grupos de personas que trabajan juntas cara a cara en la vida pública, no solo en privado.

(...)

Los tipos de asociaciones que expresan y crean comunidad toman diversas formas. Muchas de ellas son relativamente formales (...) Un segundo tipo de asociación no es tan formal, frecuentemente no tiene nombre, pero representa una reunión de ciudadanos que resuelven problemas, celebran juntos o disfrutan de su cohesión social (...) Una tercera forma de asociación desarrolla su actividad en restaurantes, peluquerías, bares, tiendas... (...) Estos tres tipos de asociaciones representan la comunidad de la que mucha de la gente "etiquetada" es excluida, y en la que necesitan ser incorporados para convertirse en ciudadanos activos de una sociedad democrática (...) La incorporación como ciudadanos para por establecer relaciones en las que sus capacidades pueden ser expresadas, en las que no sean definidos solamente por sus "deficiencias". 


Para esto es importante que haya "guías" que acompañen este proceso, personas con un ojo especial para ver los dones, el potencial, el interés, las habilidades, la sonrisa, la capacidad de aquellos de quienes se dice que están en "especial necesidad" (...) Estos guías están bien conectados en las interrelaciones de la vida comunitaria (...) Consiguen sus objetivos porque tienen la confianza de sus pares en la comunidad, no porque tengan autoridad institucional (...) No piden caridad o ayuda, sino que en vez de eso presentan de manera entusiasta el regalo de una persona excluida a la hospitalidad de una persona activa en la comunidad (...) Por último, un guía comunitario efectivo aprende que debe decir adiós a la persona a la que guía dentro de la vida comunitaria. Esto no es un paso natural. Pero es necesario para que la hospitalidad de la comunidad se manifieste de manera plena y la persona excluida pueda incorporarse plenamente como ciudadana. Es un guía, no un sirviente.

(...)

La crisis que hemos creado en las vidas de la gente excluida es que ya no están más asociados a sus compañeros ciudadanos. No podemos deshacer esta terrible exclusión mediante un intento mal pensado de crear independencia ilusoria. Tampoco creando una amistad con una persona que vive en exclusión.

Nuestro objetivo debe estar claro. Estamos buscando nada menos que una vida rodeada de la riqueza y de la diversidad de la comunidad. Una vida colectiva. Una vida común. Una vida del día a día. Una vida poderosa que consigue su alegría de la creatividad y la conexión que aparece cuando nos unimos en asociación para crear un mundo inclusivo"